viernes, 3 de agosto de 2018

Uvas en invierno.

Los viejos maestros. Todo eso.
Olvida a las niñas. Trata de olvidarlas.
Las niñas. Y todo eso.

Las niñas. Raymond Carver. 


Por la noche te he buscado,
te he buscado en la mañana.
Te sigo buscando
y las horas que se van,
se van buscándote.

Hay instantes donde el tiempo
libra una batalla que nosotros perdemos…
hay poetas que a ese evento
lo llaman memoria.
Yo no.
Yo tan solo he sido bueno
llamándole duda a la nada.

Tu piel como una ventosa
se adhería a mis manos
y solía llevarte
como a guantes
y qué tonto es recordar
que me cubrías
de quemarme con el agua.

No hubo nadie como Tú,
además del viento frío en primavera.  

Todos hemos subido una colina
y visto la ciudad;
habrá quien se concentra
en los letreros,
hay otros que se pasan los dedos
a través del cabello.
Tú solías agradecer;
pero nunca te escuché
hablar de eso
( Tal vez te confunda
con uno de esos monjes
entregados al silencio,
para hablarle a Dios ).

Hubiera querido
que tuvieras solo las cosas mejores,
las mejores flores,
los mejores ríos,
la mejor espuma
y la mejor granja de avestruces;
pero me querías a mí
y uno nunca sabe cómo hacer
la mejor versión de uno mismo.

Debería mencionar
que, como una madre enloquecida,
me ocultaste de las cosas del mundo.
Una vez que apareciste
se fue el hambre, la violencia,
las caídas, los castigos,  
la ansiedad, la paranoia,
el dolor y la tormenta.
Me deshago conciliando horas de sueño
en espera de que vuelva cada flecha
que sacaste de la pantalla de televisión.

Sé que a veces pudiera parecer
que estamos tristes,
que Tú lloras
y que Yo me siento solo;
justo ahora las palabras
se suspenden
como si fueran galgos
que no salen de la meta
y yo quiero seguir viendo.

Si tuviera que volver
volvería
por otro día
de los que nos aplastaron.

Omar Alej. 

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