viernes, 10 de agosto de 2018

Resaca a medias.

Se lo pregunto y luego ella me lo pregunta a mí. Los dos
aceptamos. No hay tira y afloja. Tras casi once años
juntos sabemos cómo piensa el otro y más cosas.

Proposición. Raymond Carver. 


Me dijo de un invierno
que había durado mil años,
no en ella;
sus ojos no eran helados
ni se hubieran podido romper
con un abrigo de piel.

Seguí el hilo
de su conversación;
pero terminaba
en el fondo del mundo abisal
y yo carezco de branquias,
para un océano
que no sea de licor y tristeza.

Me descuidé dos
o tres instantes,
quizá el primero fue un beso
quizá el segundo su voz
y no recuerdo el tercero…

Cuando regresé
mi casa estaba ordenada,
limpia como un cristal nuevo
y sin rastros de mí
o mi pasado.
Quise enojarme
y ya no tuve la fuerza,
para decir algo
que pudiera herirla.  
Busqué mi blog de dibujo,
para representar mi distancia;
pero lo había tirado
creyendo que era el regalo
de una ex novia sin talento.

Recordé las palabras
de mi Tío Oscar.
Siempre decía
que iba a ser necesaria mucha suerte,
para conseguir
que alguien me quisiera.
Yo siempre he despreciado
a los tipos con suerte.
Sin embargo no estaba mal
la cama recién hecha
con sabanas limpias
y el olor a flores recién cortadas.
Incluso me gustaba
la pantalla de televisión
sin la capa de polvo.

Si tan solo me dejara tener
las dos ratas que vienen
cuando pongo el disco de los Kinks,
no tendría reparos
en entregarle mi mano,
para que la cortara…

Mañana habrá pasado una semana,
la casa volverá a ser
del color del cuero
de la chaqueta sucia
de un viejo motorista.
Mientras eso pasa
iremos a caminar
disimulando la resaca,
Ella con un vestido de aves
y Yo con una camisa blanca,
verdaderamente blanca.

Omar Alej. 

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