jueves, 9 de agosto de 2018

El Tigre.

Una vez más se encontraba frente al misterio
de la vida. Lluvia. Risas. La historia.
El arte. El poder de la muerte.
Allí se quedó, escuchando.

Escuchando. Raymond Carver. 


A veces en la lluvia
si es muy fuerte
veo un tigre,
lleva el torso descubierto
y se le ve el corazón
como si fuera una bombilla.

Nací en el fondo del río,
unos creen que es mentira
otros creen que es verdad;
pero solo yo sé que no importa,
tales historias no quitan el aire
ni ayudan a nadie
si le viene una catarata.

He paseado a través de las glorietas
que hay en el infierno
y he bajado la mirada
frente a serafines  
que había en el paraíso,
nada es como debería de ser.

La única garantía que he tenido
es la de las sombras
aún más negras
en la noche;
pero tú bien sabes que con eso
no se puede construir
una hermosa reja blanca
de madera.

Está no es una carta de despedida
no es un grito de auxilio
ni es un listado siquiera
antes de pegarme un disparo…
me persigue la idea
de llegar a olvidar
que la oscuridad
es propiedad de los que brillan,
son los que te acorralan
hasta que quieres abrazarlos
y caer con ellos;
pero ellos no caen,
son hologramas en tercera dimensión.

A veces no hay nada más que esperar,
las tormentas te aseguran
y por fin viajas solo.
Eso. Solo si estas empapado
bajo la intemperie
te dejan en paz.

A veces en la lluvia
si es muy fuerte
veo un tigre
y no voy a engañarte,
ese tigre, con el torso descubierto
y con el corazón como si fuera una bombilla,
es lo primero que me vino a la mente
cuando me preguntaron
quien era yo.

Omar Alej. 

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