viernes, 6 de julio de 2018

Muy Jodido.

Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:

una resurrección, ninguna muerte.

Epílogo. Ángel. González. 


Voy a empezar a caminar
con la cara baja,
para evitar mirar el fondo
de ciertas tentaciones…

Hoy he visto a un hombre
al volante de su camioneta
y el escalofrío aún me dura,
de los dedos de los pies
hasta los hombros  
soy un arpa de juguete.

Tengo en la mano derecha
el termo de café,
su esquiva tibieza recrea
en mis pupilas
el gesto doliente
de la quietud más humana
que he presenciado jamás.

Personas como él,
gente así de rota,
individuos a tal grado de olvido,
no debieran de pasar entre nosotros
que no somos
ni seremos
conscientes del veneno
que un dios rojo
ha sembrado en la esperanza.

En el rictus de su cara
estaban todos los vasos sucios,
un sinfín de platos rotos,
quemaduras de cigarros en la almohada,
un revolver y una sola bala,
cuartos de naranja
que cortó con cuchillos sin filo
e improbables resultados
que se esperan
contra toda voluntad;
pidiendo tregua.

Un hombre así
es un golpe en la nariz
con los restos de un pariente…
hay un acto de violencia
en respuesta a la pregunta
si se quiere aprender algo
del futuro.
Me vi en él
y no estaba preparado,
para ser un copo de arena
arañando las pupilas
de un niño enamorado
de un retrato de Dalila.

Omar Alel. 

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