miércoles, 11 de julio de 2018

Hombre busca dirección.

ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

El otoño se acerca. Ángel González. 


Señora,
estoy buscando la oficina
de devoluciones;
no debiera de estar lejos,
no me diga que no sabe
donde queda,
tiene el rostro de quien vuelve.
Se le ve limpia
y liviana y con el alma
que pretende
bajo el brazo…

A mí me dieron este dios  
que me atraviesa
y por más que intento
no sé usarlo;
o lo hago mal entre sus piernas  
o no voy lo suficiente  
o no sé vivir en su dulzura,
cuando no he podido deshacer
el golpe amargo de los días.
Ciertos días…

La alegría la busqué durante años;
pero qué fuertes brevedades
la corrompen y la llaman
a volverse una postal
con maniquíes de vacaciones
que ni yo pudiera ser
ni usted debiera.

He perdido el orgullo
de saberme un hombre más
con sus espadas de papel;
no tenía risa
y hoy no sé de qué reírme.

Solo pienso en devolver
las estaciones
que se fueron sucediendo
una a otra
y sacando de ladrillos
un olor que ya no aroma
ni el jornal  
ni las ventanas al futuro.

Yo no puedo ser respuesta
a la tormenta
cuando soy ese que duda
de la calma…
otra vez vuelvo a la calle
y sin saber su contenido
aguardo tiempos
de cruzar oscuridad
con mi cojera habitual
y anonimato.

Le he fallado,
ya no puedo sostener mi cuerpo al viento;
me sé un tanto en soledad
y otro tanto entre mi propia compañía.

Señora,
no se piense que no creo
en esos actos del amor
que usted llevó hasta aquel túnel,
para verme aparecer.
Ahora espero que sepa que bordé
–para pagarle,
mil monedas con mis sueños
y no han sido suficientes.
Es por eso que le pido que me diga
donde puedo devolver  
lo que usted perdió conmigo.

Omar Alej. 

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