martes, 31 de julio de 2018

El mismo chico patético.

Queríamos ponernos de rodillas
y decir perdona nuestros pecados, perdónanos
la vida. Pero era tarde.

Anatema. Raymond Carver. 


Me gustaría haber conocido más a fondo
aquel sacerdote sin parroquia,
daba dos o tres vueltas alrededor
de nosotros, que éramos niños jugando,
y después se sentaba en medio;
hoy esa imagen estaría señalada…
una vez dijo que el diablo
al igual que dios
no quería prisioneros sino aliados.
Aquella es una idea
que ha sobrevivido a toda la carga
de sobreinformación,
para aprender a vivir,
con la que fui castigado
por haber nacido
de un vientre pobre.
Confieso que amé con poco
y además reconozco haber amado mal,
no es que haya herido
y no fueron las mentiras;
en realidad no hice nada.
Amenazaba con ser un gigante
que iría aplastando taxis
y furgonetas si alguien nos perseguía.
Habíamos pactado fugarnos
de este país,
la americana y yo;
pero el hombre que pasó
yendo a prisa
queriendo alcanzar el tren
y muy aferrado a su bolso,
devolvió dirección a mis pasos
y encaminé hacia el mercado.
Ahí comí sopa de carnero
con delgados pedazos de carne;
parecía que los otros clientes
sabían lo que había hecho
y que era un cobarde
aunque no muy distinto de ellos.
La sensación que guardo de entonces
es la de estar esperando el tiempo suficiente,
para que se diera cuenta
de que yo no iba a llegar
y que había preferido quedarme
a esperar una hora,
todavía más definitiva
que la muerte de su mejor amiga.
Durante algunos días, después,
con el ambiente como una gélida niebla,  
sin poder ignorar que los jardines
iban dejando atrás los colores,
hundiéndose en un seco marrón,
pensé en escribirle una carta.
Tal vez en ella pudiera expresar
que había desistido del futuro
sin mucha emoción,
sin haber llagado al final
y tal vez sin ni siquiera haber comenzado;
pero la idea de que con el paso del tiempo
los dos hubiéramos olvidado
me contuvo.
Seguí marcando en una servilleta
círculos y cruces y triángulos.   
Hay una especie de pena en todas las cosas que veo
y hay algo gracioso en la voz
de los que me dicen que soy uno o el otro…
todos creemos saber algo
que los demás desconocen,
ahora ya nadie pregunta por nadie;
ayer te hubieran contado
que sigo siendo el mismo chico patético
que salía por las puertas de atrás,
para huir de las peleas.  
Yo mismo te lo hubiera contado
con tal de que me dejaras en paz.

Omar Alej. 

No hay comentarios: