martes, 5 de junio de 2018

Magia a través de un telescopio.

—Una vez le oí decir a mi padre: «Somos una raza sin escritura, no tenemos. Solo contando nuestros recuerdos de viva voz transmitimos a los demás nuestra historia».

—Pero ¿cómo es posible? Todo lo que me has dicho es demasiado importante. ¡Es una pena que corra el peligro de ser olvidado!

El campeón prohibido. Dario Fo. 


En un momento cenital,
luz de lágrimas de flores,
girando en orbitas que enredan  
ante el portal que se consume;
entre los ruidos de tertulia,
oscuridad. Y había un enjambre
de signos zodiacales.

Acabados de llegar
desde el meteoro,
cola cometa de tus iris;
me hice un minúsculo existente
y como un viejo explorador
lloré en tus brazos
por la tierra que quedó
lejana, abajo,
en una lápida de hielo.

Quizá tú fuiste
la última señal de vida humana,
onda radial que captó Tardis,
y desde ahora estoy adentro
de un complejo esterilizado;
donde el aire lo proveen
mil criaturas de carbono
que descubren que moléculas
y dioses son lo mismo:

Bioluminiscencia que estriba en el vértice
de todas las luces apagadas,
cruzando un triángulo y cambiando de color.

Tumbado y dejando
mi mancha de cuerpo en la cama,
solo se puede pensar que los monos
no sentirían esa clase de pena…
una estrella no muere por ser el origen
de quien anda entre lianas;
el polvo estelar se resiente
cuando uno contacta e informa  
que aquello que diste
además te falta.

Yo estaba muy por debajo
de lo que estaba vivo
y hubiese querido ser selva,
para no asustarme
por qué los cohetes viajan quemando
helechos de galaxia.

Siendo el instante favorito
de la fugacidad,
ante el espacio infinito,
por la osadía de la especie,
por contracción y expansión.
Te dije que no porque no podía  
y tu sacaste la luna
que estaba detrás de mi oreja.

Omar Alej. 

No hay comentarios: