lunes, 4 de junio de 2018

Hay un dios prisionero en la ley.

Hoy, de no ser por Palamedes, estaría a tu lado.
Pero tal vez sea mejor así: pues sin mí
te has librado de los males de Edipo,
y en tus sueños, Telémaco, ignoras el pecado.

Ulises a Telémaco. Joseph Brodsky. 


Un día nos cruzaremos,
Tú vendrás de algún sitio
y yo me iré de otra parte;
tal vez entonces me pidas lo mismo:

No creas en mí,
en mi carne,
en mis huesos,
en la fecha
que dice el documento
he nacido,
no creas…

Es para otros
y no es personal recoger
lo que uno va perdiendo;
si quieres la verdad
no creas en mí,
en el nombre que tengo,
en mi madre.
No creas en mi cara.
No soy un activo
del tiempo pasado.

Si vas a creer
que sea en la hoguera
que me es necesario
seguir
y se queme el aire
que vicia los aromas,
para que no sea
lo que busca ser.

El peso del cielo
que solía mirar,
para poder escaparme
de las fotografías,
está hundiendo la isla
donde las horas son blancas
y no tienen raíz.

Hay un dios prisionero en la ley;
pero no es ironía
porque es literal.  

No creas en mí
ni en ninguna pasión
que te diga
que me ha llevado a encontrarte.
Teme de sus ritos,
de la aurora que dice
que ha sido mi norte;
es otra lengua rota
que busca hacer nudo
en contra
de mi respiración.

Yo lo soñé
y era un sueño
que cuando abría las ventanas
se convertía en la plaga
y en esa locura terrible
que fue avanzando sus trucos
de alma en pena.

No creas en mí,
no estoy a lomos de nada
y dejé morir a las bestias
porque su pulso era el eco
de un corazón cuando no anda.

No creas en mí.
Aparecí aquella noche,
no tengo deudas de suerte.
He venido solo.
Nunca hubo nadie
que se alegrara por mí
y eso sigue igual;
pero puedo soportarlo.

Omar Alej. 

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