miércoles, 20 de junio de 2018

Aburrido de mi.


Ni doblado de amor
Comprenderá la súbita misericordia
Que inunda la habitación
Y se disipa ahora
En la tradicional luz dorada.

La tradición ( El Libro del Anhelo). Leonard Cohen. 

Aburrido de mí,
de mis ojos y voz;
solo cosas filosas
para ver si me cortan
y consigo otra forma
de deserción…

Apenas soporto otro día
calzando mis antiguos pies
y sintiendo en ellos que vengo
o que voy;
en otra parte es más de lo mismo.
Sigo siendo yo.  

Se ha agotado la euforia,
se vino abajo la nube
que reflejaba en mí el cielo
y ya no tengo ese gusto
por mi compañía.

Si he de sincerarme,
está vez la mentira
no me puede salvar;
la verdad está hecha
y no puedo defender un escondite  
a plena luz del día.

Parece que he despertado
en el sitio de siempre
y que el piso en el techo
y el techo en el piso
han persuadido a mi historia,
para desplomarse.
Ya no puedo apuntar a ese mundo
del que me sentía heredero
y no recuerdo el porvenir.

Hubiera querido que mi historia de amor
no fuera en contra mía.
Si de la luna, que estaba hundida en el lago,
no hubiera visto la cara,
no hubiera desenmascarado mi rostro
ni hubiera hecho una antorcha
con mí camisa de seda.

Ahora me sonrío;
pero podría estar llorando;
la misma diatriba contra todo lo que soy
me resulta familiar.

Esta mañana, al pasar la plazuela
y dar vuelta en la rotonda,
que tiene la estatua de un independiente,
seguí el humo de un incendio
y al llegar a la calle en llamas
descubrí que sabiendo quien soy
más me hubiera gustado
cambiar vidas con el aire.

Omar Alej. 

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