lunes, 25 de junio de 2018

Abrirle paso al amor.

Los años nos han acercado.
Reclina el asiento hacia atrás.
Estás aterrizando en Viena
donde me suicidé
en mil novecientos sesenta y dos.

Voz dictada en un avión sobre Europa (El Libro del Anhelo). Leonard Cohen.  


Uno no puede cantar victoria,
algo deja de aletear  
si se pide por certeza en un ensueño.

A tres pasos de la puerta  
una trifulca desposa
la inocencia de niños y niñas
que solo pasaban
de camino a la tienda,
donde venden los cromos
de esos héroes improbables…

En los mundos que veo
como una elección,  
comúnmente fracaso;
sobre todo si aspiro
a no dejarme llevar
por el miedo.
No hay mucho que agregar a eso,
quizá alguna diatriba poética
en contra de cierto tipo
de felicidad;
pero estaría siendo ruin
y eso es en lo que termina
un acto de fe.

Toda mi fortuna
es un corazón que retumba,
para que sigan abiertas las grietas
por donde entra la luz.

Se está arreglando el cabello,
para salir de aquí y no volver
hasta pasadas mis horas
de vulgaridad.

Es poesía entre tensiones  
y otra forma de verdad;
cuando no le doy suficientes molestias  
me compra café
y me lee la prensa,
creo que le anima saber que en la calle
hay mujeres bailando, sonriendo y luchando.
No es su primer día en la batalla;
pero son sus primeras veces cantando
junto a sus hermanas.

A veces solo la miro.
Se queda afuera sentada
en su banco de madera,
puede que esté recordando…

Voy a su lado y la hiero,
le hablo del tiempo,
de la soledad,
del cielo y del infierno
y no es que no esté escuchando.
Ella ya sabe quién soy
y que ahora sé que al amor
nosotros tenemos que abrirle paso.

Omar Alej. 

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