jueves, 10 de mayo de 2018

Alegato del hijo ingrato.

El Cuerpo que cacé
Me cazó a mí también
Mi anhelo es un lugar
Mi muerte un velero.

  Misión ( El Libro del anhelo ). Leonard Cohen.


No quiero angustiarte,
Madre;
pero no estoy haciendo nada de eso,
para sentirse orgulloso.
No soy ni siquiera bueno
y ni siquiera soy malo.
Tal vez mi destino es borrarme;
quizás yo he venido, nomas,
para oler el olor a pan
de mí calle
cuando son las siete de la mañana
y recuerdo el invierno de antes…

No tengo más ambición que dejar,
para luego,
mis anhelos, batallas  
y heridas, a causa del deseo
de la fiebre por llevarme.
Mi intranquila esperanza
solo quiere llegar
a otra temporada de lluvia
caminando despacio
en busca de una nube.

No me siento caliente por cambiar el futuro.
Solo salgo a acorrer
mientras voy escuchando como
aun falto de aire
me empeño en seguir respirando:

Algo de aquellas tardes del siglo pasado.

No seré un adivino
y no me da por pedir un lugar en la sala
de nadie.
He venido a sentarme frente de una cerveza,
a fumarme el cigarro que quedó a la mitad,
entre las colillas;
abrazar y besar es lo que queda
cuando lo has dado todo.
Compartirme es lo más que seré
y eso no sirve, para que el agua sea vino.  

Para ver a los chicos
fijar la mirada en el campo,
para oír el silencio
antes del cambio de hoja
cuando estoy con un libro,
para bañarme con agua helada,
para buscar con los pies
la parte más fresca de las sabanas,
para abrir las ventanas
y dejar que los gatos
se cuelen a casa
porque me gusta encontrarlos
sin que sepan que ando por ahí,
para eso he venido
y no quiero angustiarte
Madre;
pero no quiero hacer
lo contrario...

Omar Alej. 

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