viernes, 25 de mayo de 2018

A un cartero en apuros.

—La gente de por aquí me dice que va a helar dentro de unas horas. Voy a bajar a Lemnos para ver cómo te lames las heridas.
—¿Lemnos? No recuerdo.
—Donde los griegos abandonaron a Filoctetes, con su pie.

La lección de anatomía. Phillip Roth. 


Siento en la cara las primeras gotas de lluvia
de una tormenta.

Subí hasta la iglesia amarilla,
la que es la joya de la corona
y desgobierna en el mestizaje
como si fuera la estrella
en un concierto de luces.

Al verla de cerca
no parecía tan segura;
lo que a distancia es color
y presencia
de cerca parece más lejos
y la fama es un acto
que carece de forma.

Al hacer el camino hacia arriba
había perdido el aliento
y apenas sentía mis piernas.
Vi que la costa era el viernes,
para los tripulantes
de los buques de guerra
que estaban dispuestos
contra nuestra isla.  

No quedaban pescadoras
ni señores en el muelle
agitando las manos;
los comercios parecían detenidos,
encapsulados en el tiempo,
sin ser lo que fueron,
temiendo de lo que serían…

Habían regresado mis miedos,
la oscuridad que creía que surfeaba
bajo la luna,
como si fuera un esteta
de la sobrevivencia,
había tomado la forma
de cada ciudad antigua
y me volví a mis adentros
donde mi alegría, baladí,
se había vuelto una espora
que andaba en busca del fuego,
para consumirse.

Te veo bajar a la mina
en busca del oro
que te prometí que corría
como si yo fuera un río
y tú con manos vacías
te tragas el grito
que debería de gritar
que ya he sido saqueado.

Pude enviar una carta,
cobrar el favor que una vez
-me dijeron, le hice
a un cartero en apuros;
pero cuando pasa
que vuelven los días
en los que decaigo
y la decadencia es la fuerza
a la que me rindo
también me dispongo
a no dar batalla.

De momento este verano
ha emprendido hostilidades
y la estación que viene adentro
de está herida,
son los pasos que se dan
después de que una ola nos arrastra.

Siento en la cara las primeras gotas de lluvia
de una tormenta.

Omar Alej. 

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