martes, 3 de abril de 2018

Simplemente quiero un beso.

: la historia es siempre la misma y es una historia impulsada por los inestables combustibles del amor y de la muerte y de una fe inferior en algo superior: el hombre crea a Dios para que Dios cree al hombre.

La velocidad de las cosas. Rodrigo Fresán. 


Me puse mis mejores zapatos,
mi traje de tres piezas
de color azul marino
y ese poco de fragancia
que uno cree la cuota justa
de un olor a roble y vino.

Quería estar tan presentable
como un barco de la armada
en el puerto
y encontrar un corazón
que me cubriera en la tormenta;
me cansé de tardes largas
sin tener con quien mirar,
del horizonte, los volcanes.

Sin embargo estaba lejos
de tener un día de suerte.
Me llovió justo al salir,
desde debajo de la tierra,
y seguía solo;
mi fragancia se voló
tras una peste a gasolina.

No es mentira cuando digo
que estoy lleno de un amor
por reventarme;
pero no puedo comprobarlo.

Soy de aquellos que diluye la emoción,
simplemente quiero un beso
que resulte ser la boca del león
donde ponga mi cabeza a descansar.

A mis fines
no ayudaba una mañana
en la que el mundo amaneció
estando a punto de volverse una pecera,
vi que había buscadores como yo
que se habían entregado a la carroña.

Si alguien puede declararse
sabedor de algún dolor en soledad,
ese soy yo;
pero al ver que no soñaban
y dormían tranquilamente,
quien viniera a levantarme no tenia
lo que yo andaba buscando.

Empecé a caminar sin esperanza,
solamente por saber qué hora marcaba
el reloj de la tristeza.
Me perdí detrás de antiguos edificios
que lucían abandonados,
en sus grietas detecté la misma imagen
que hacía tiempo me angustiaba;
era yo que estaba ahí sin hacer nada
y sin saber en dónde estar.

No se puede predecir que estamos lejos
ni se puede predecir que estamos cerca
cuando a nadie –en realidad, echas de menos.

Omar Alej.

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