miércoles, 11 de abril de 2018

Mis secretos.

“Si yo no hubiera existido, alguien tendría que haberme inventado”

Bob Dylan. Crónicas I. Memorias. 


¿Y si el mar fuera el umbral
que al cruzarlo lleva al aire?

Cada tanto memorizo que hace años,
cuando niño,
el caballo que montaba
embistió contra las ramas espinosas,
no paraba de dar vueltas,
relinchar y brincar, preso de dolor.
Tenía miedo de caerme,
de no ser aquel jinete
que pensé que había en mí;
reflexiono sobre eso
y no sé si eso es parte de la vida de alguien más
o si es parte de la vida  
a la que debo soltarme.

Estoy vivo por inercia.
Estuve a punto de morirme
y no supe cómo hacerlo.
Reconozco en cada cosa
que veo rota
que no hay forma de arreglar
nada de eso a lo que el tiempo ha echado mano.

Esa noche estaba solo,
me senté sobre la orilla de un peñasco
y vi lo altas que las olas pueden ser
y vi el cielo oscurecerse
como si el sol ya no existiera en ningún sitio;
llovía de una forma aterradora
y daba alivio.
Me quedé sentado en paz
con el viento alrededor de un lado a otro.
Me sentía como alguien que podría ser capaz
de aullar, totalmente para adentro;
reflexiono si en verdad ha sido así
o si es tan solo una ilusión fortalecida
por las calles y el cemento y los neumáticos
que aplastan cada tanto
a un mismo pájaro mojado.

El recuerdo y el olvido son dos cosas graciosas,
a veces apostaría porque viven
en un mundo paralelo
y que salen y hacen compras.
Se estimulan y se lamen las heridas
y como haríamos tú y yo
un día se extinguen.
Queda de ellos nada más que imprecisión,
lo que no fueron…

Convivo con cientos de personas
que no están,
que no responden; pero tú me contestas.
Me platicas
y no hace falta imaginar lo que dirías
sobre lo que siempre estoy pensando.
Ni todos mis secretos son suficientes
contra todo lo que quisiera contarte.

Omar Alej. 

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