viernes, 2 de marzo de 2018

El insomnio.

Y con sueño de nuevo se volvió lentamente
adonde nadie
sabe de nadie.
Adonde acaba el mundo.

No intentemos el amor nunca. Luis Cernuda. 


Yo intentaba dormirme
y dejarme de aquella
sensación de amargura.
Afuera los gatos
recorrían en silencio
los techos sin agua.
Seguí con los ojos forzados,
quería fundirme
con lo que no pasa
y una luna parecía
estar al alcance.

Me interné
en un bosque de escenas
ajenas al pulso y sentido;
cortezas que reproducían
desde los alfabetos
hasta cocteles de alcohol
que tenían el suspenso
de la numerología.
Me estaba dejando llevar  
por esos recuerdos
que ya no poseo
y una luna parecía
el primer diamante.

Desde cerca
percibí la soledad
como parte de una broma
que tenemos en común
sin hacerle gracia a nadie.
Hay escrita,
entre las hojas
que no sabes si quemar
o si comerte,
una insólita oración
y una luna hecha de dientes,
para adentro.

Lo que menos quiero hacer
es volver a ese momento,
el insomnio
no debía de quedarse
en un dilema
entre seguir o abrirse un pozo
en las dos sienes.
No conseguí pensar en algo
que contar
y una luna brillaba
por todas las noches
como si fuera una esfera
que se pudiera tomar.

Menos extraño fue ver
que al girarme
el cielo era rojo
y con el sol por salir.

Omar Alej. 

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