jueves, 1 de marzo de 2018

Como en El Padrino II.

"Entre la gente pobre el indicio de motaldá es más alto que entre la gente decente y bien".

Un Mundo para Julius. Alfredo Bryce Echenique. 


Hubo una vez un sicario, justo ayer. Venía por mí. Quería reventarme, mi amor. Yo estaba asustado. No lo voy a negar. Temblaba al sentir que con balas en el cuerpo no me sería fácil quitarme el sabor a metal de la boca. Aunque he estado dispuesto a morir, desde que tengo memoria; se complicaba la cosa porque muerte solo hay una. Además, recuerda que ayer, tú y yo, cumplíamos cinco años de dura y tensa convivencia carnal. Nos hemos hecho de todo, incluso follar con idiotas como esos con los que has follado porque te aburrías; pero dejarme matar el día de nuestro aniversario –hasta para mí, era una puta mierda de regalo y luego está el hecho de que había reservado mesa para dos en un restaurante-boutique.

Él, hombre que por oficio tiene entregar a la muerte, el asesino, el matón, el guadaña, el aniquilador, el sibarita del hueso, el mago que convierte los pechos en coladeras y las cabezas en recipientes vacíos, vestía como si el negro fuera el color de las mejores cortinas y fuera muy a la moda. No sé qué carajos intento decir con esto; pero tengo que llenar mi relato con innovaciones varias, da igual que siga pensando en los jodidos tequilas que no debí de tomarme cuando cumplí quince años y luego todo explotó.  

Como si yo estuviera lejos del cielo –que lo estoy, se me acercó y me dijo que había llegado mi hora << Yo no me despierto antes de las once>> le dije, asumiendo que lo normal es dormir entre diez y once horas. Se desconcertó por mi falta de apuro; claro, yo no sabía que venía a matarme y mucho menos que un profesional lleva un programa de resultados ( Recuerda que son las hadas las que ponen las estrellas a los hoteles. No sé qué quiero decir con esto ).

Me puso el cañón de una pistola escuadra en la boca, qué bueno que he empezado a cuidar mi alimentación <<¿Está asado a la parrilla o viene frito? ¿Cuántas calorías en total? ¿Cuántas grasas saturadas contiene?>> preguntas que uno hace, para no tener que decir después que no lo sabía y que -igual que pasa con el arte moderno- se ha comido sin conciencia.

Un tipo extraño, mi amor. Se enfureció como un loco; por otro lado –debo decir- es la forma en la que se suelen enfurecer las personas ¿por qué? No lo sé, no tengo ni idea y sinceramente me interesa muy poco. Estando ante él, recordé que hace algunos años fui víctima de una diarrea que terminó por hacer que me cagara encima de unos pantalones grises que me quedaban más ajustados que la telilla esa que lleva por encima el chorizo. Tú has gastado energías en llegar a entenderme y sabrás mejor que yo por qué pasó eso.

Él que sería el último rostro que viera en mi vida, insistía en que le suplicara, para que no me matara. Lo ponía muy cachondo la idea de verme de rodillas, rogándole por su compasión interna; pero a mí lo que realmente me tenía asustado era la idea de faltar a nuestro aniversario y como había resuelto que no me daría por vencido tan fácil, empecé a platicarle lo mucho que habíamos perdido, para estar juntos. Creo que toqué, en él, fibras sensibles porque después de escucharme me pidió prestado el celular, para llamar a su novia. No quise escuchar lo que hablaba, estaba más preocupado por lo que hablaría contigo mientras tú irías diciendo lo deliciosa que estaba la comida… al final la perdí; pero había hecho una lista de preguntas que responderíamos, como parte de nuestra celebración, tú y yo. No el sicario y yo.

Después de la heroica gesta que he debido librar, para no fallarte en un día que a los dos –en apariencia- nos da un poco igual, he aprendido la dura vida que lleva un sicario y todas las vicisitudes que tiene trabajar para un jefe de aspecto calavera. Se piensa muy fácil ir por ahí quitando la vida como si no fuera nada. Sin embargo hay que ver lo poco que se valora lo retro de hacerlo por dinero, cuando está tan de moda hacerlo gratis y a la vista de todos. No se menciona el oficio de pistolero como lo que es; una puta cruz, hoy en día.

Bueno, cariño; lo que te decía. Hubo una vez un sicario que –al parecer- tenía un pasado intachable como extinguidor de personas. Ayer vino por mí y lo que me ha salvado fue llevarlo a la mesa, servirle champagne, abrir juntos las ostras, comernos las fresas, compartir el postre y no dejarlo pagar la cuenta. Lo hubiera hecho contigo; pero no creo que muerto tuviera sentido. En fin, gracias por todo; feliz aniversario, no me esperes y ahora –por favor, no te enojes con él.
Omar Alej.  

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