jueves, 22 de marzo de 2018

A los 33.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Donde habite el olvido. Luis Cernuda. 


A los 33
di mi euforia y mi suerte
en una amalgama,
para un solo hombre; cubierto
con miles de caras de viento.

Qué alegres los pasos
y qué puros los hilos de voz
con los que pensé que podría
compartirte los truenos
de aquellos besos perdidos.

Fui solo un niño en la calle,
igual que eco es el eco.
Iba brincando baldosas
creyendo que así llovería
y en los 33
simulé ser la cruz
en la que clavaba
lo que me había quedado por ser
el que al final no era nadie.

No escribí Las Flores del Mal
y eso es tristeza que canto;
hubiese querido rozar
por un solo momento
ese espíritu rojo de vino
que corre en las venas
de la verdadera poesía.

A Cesar Vallejo lo quiero,
a Constantino Cavafis lo quiero,
a Raymond Carver lo quiero,
a Luis Cernuda lo quiero;
quiero a tantos
que luego nombrarlos
es como apagarlos,
porque por quererlos no pude
seguir la voz del silencio
que era el destino no escrito
que me tocaba escribir.

A los 33 porque son
ese pequeño regalo
que a nadie puse en las manos
y estoy quedando a deber…

Cada ocasión de esperanza
ahí ha quedado atrapada,
tras ese cerco de intentos,
por no caer tan de prisa.

Había robado mil cosas,
era costumbre
-necesidad que dolía admitir;
pero los 33 son el robo
más cariñoso y celeste
que había intentado jamás.

Omar Alej. 

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