lunes, 26 de febrero de 2018

Un refugio portátil.

“Se mide la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar”

Immanuel Kant


Uso la palabra,
la rompo y se vuela,
para decir que te quiero.
Eso es lo primero
aunque lo diga después
otra vez. Te quiero.

Uso la palabra,
no siempre la pido,
no siempre lo que digo
tiene paciencia;
no siempre hay anhelo
de que alguien la escuche.  

La uso como puedo
con la torpeza propia
del acto de usar
lo que tiene infinitos usos
que no hemos revelados.

Uso la palabra,
porque mis puños son lentos,
los tiempos me cercan,
los pasos se han ido,
la cometa volcó,
me hice amigo de un gato,
he vuelto a la calle,
ahora son otras las horas de los relojes,
aquel niño es un hombre,
la herida se ha propagado,  
tengo miedo a quedarme callado
y después escucharme
pidiendo perdón.

Uso la palabra.
Muchas veces, para que tú no te fueras
y también, para pedir que te quedes
a ir rompiendo a mi lado
lo que prometí.

Uso la palabra,
es un trampolín
del que a veces me impulso
y al que luego regreso
sin más razón
que saltar al vacío.

Uso la palabra,
esta es la última cerveza que queda
dentro de la hielera
e intento ir haciendo
que dure un poco más
y nos dé para hacernos
al mar de las dudas
sin ninguna certeza;
porque la incertidumbre
es lo que alumbra si veo
en cualquier dirección.

Uso la palabra
y aunque no es suficiente,
para escapar,
hace un refugio portátil
que uno puede decir
sin querer decir nada.

Omar Alej.  

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