miércoles, 14 de febrero de 2018

Otro hijo de San Valentín.

<<Oirá la carreta, pero no lo sabrá. Así que habrá alguien que estará en sus oídos antes de estar en sus ojos. Y entonces me verá, y se quedará muy confuso. Y tendrá a dos dentro de sus ojos antes de que haya podido recordar.»

Luz de Agosto. William Faulkner. 


Fue el catorce de febrero
de mil novecientos ochenta y dos;
cada una de las aves
que llegaba a la ciudad
caía muerta en el asfalto
y de cadáveres alados
se alfombró cada banqueta.

Madre dice
que ese día fui engendrado;
que había miedo en el ambiente
y que seguía preguntando
por la forma de llegar alguna playa.

De su historia
he aprendido a recordar
los detalles que no tengo en la memoria.

Lo miró
y se bajó del autobús;
fue con él
que era el extraño
más normal que hubiera visto.
Se contaron
que en las líneas de las manos
no tenían más allá
de siete horas.
Su reloj se apresuraba
por salir de aquel invierno
caluroso y asfixiante.

Sin saber que estaban yendo
a una estación
que estaría hecha
de suplencias de las cuatro estaciones,
aluzaron recovecos del pasado
que el silencio había cerrado;
de los cuales se alejaban
por no hacerse de otras dudas.

Él miró que la pasión
la hacía sudar
y decir cosas con los ojos.
Madre vio
que de su espalda
se podría conectar
a las antenas parabólicas
y luego ver dulces programas
de televisión.

Si lo hicieron
porque estaban condenados
a vagar,
también fue que se encontraron
un tablero de ajedrez
con solamente piezas negras.

No los puedo imaginar
preservándose de ser los padres
de otro de hijo de San Valentín.

Omar Alej. 

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