viernes, 9 de febrero de 2018

La oración del esclavo.

Diciendo: a veces estoy contigo.
A veces tengo que ir donde
el hombre es un extraño a su dolor.

(39) La energía de los esclavos. Leonard Cohen. 


Yo no puedo libertad,
he buscado en cada parte
de su cuerpo,
de su voz si está callada
sacudiendo en sus caderas
un aviso.

He soñado cada uno de los sitios
que ahora sé que han destruido.
He soñado con la hectárea de la luna
que desvela mis mañanas
y no. Yo no puedo libertad.

Ni siquiera soy capaz
de dejar esta oración;
sigo el pulso del recuerdo
y otra vez esa palabra que no falta.
Sigo aquí.

Veo a quien habla,
al que hunde por debajo de su falda
el anular,
al que toma el escenario
y con los ojos bien cerrados
cree en el aire de otra vida;
pero yo no puedo libertad.
Mis pies se han rendido al movimiento.

Como el hombre
estoy hecho para  las cosas del fuego.
Me consumo, no soy libre,
la obsesión me sustituye
y me esclavizo a voluntad.
Prisionero del calor quiero seguir.

Soy devoto del soldado
y en la guerra está mi fin.

El que nada.
Sigo el canto de sirenas,
eclipsado por sus formas
llego al borde de las sombras
y hago el buzo que ha caído
por seguir hasta el final
sin soltarse del anzuelo.

Yo no puedo libertad,
puedo ser el condenado.

Como un rey
estoy atado por el cuello
a la laica gravedad
de un dios que exige
todo el cielo que mi aliento
crea posible.
Cuando vuelvo del espejo
lo que veo es que fallé
al pretender que un día me iría.
Omar Alej.  

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