lunes, 12 de febrero de 2018

Huyendo de todos ustedes.

Sentada en la orilla de la carretera, con los ojos clavados en la carreta que sube hacia ella, Lena piensa: «He venido desde Alabama: un buen trecho de camino. A pie desde Alabama hasta aquí. Un buen trecho de camino»

Luz de agosto. William Faulkner. 


Me tomó por el pelo
y arranqué el automóvil
con la intención de llevarla
lo más lejos posible.
Ahora sigue dormida,
parece una gata muerta
entre las sábanas rojas
y las figuras del humo.

He robado otras veces
y otras veces también
me he mudado a vivir
en la piel de una loca.
No hace falta decir nada,
para admitir que uno se entrega
a todo lo que lo espanta.

Viéndola cerrar los ojos,
convertirse en una exiliada
que se aferra a mi espalda,
no es peor que pretender
algo de amor.
Su condena -me parece,
es saber que si me mira o no lo hace
es lo mismo.

En voz baja, muy pausada,
de una lírica manera, me contó
que sigue siendo partes
a través de cada día.
Solamente he respondido
que quizá los que se rompen
son los días y sonrió porque al decirlo
tapé mi ojo de madera.

Al salir de la ciudad
nos detuvimos a observar.
Lo que estaba dentro de ella
necesitaba combustible
y le propuse ir arriba;
lo lejano de las luces
tiene el fuego que se entrega  
en un cruce de caminos,
para que el diablo te devuelva el alma.

Ninguno de los dos se ilusionaba,
ninguno de los dos creía en los héroes.
Tomamos el momento
porque al marcharnos no había nada más,
para tomar.
El recuerdo y lo qué era la verdad no servirían.  

No sabemos si es valor o cobardía
y no importa si saberlo cambia algo.
Ni ella ni yo creemos que esto se trata de irnos;
si estamos huyendo de todos ustedes
es para poder regresar.
Omar Alej. 

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