martes, 6 de febrero de 2018

Hay personas como aviones.

“Ahora sé que lo que convierte en imbécil a un hombre es su incapacidad para seguir los buenos consejos que se da a sí mismo.”

Luz de agosto. William Faulkner. 


Me imagino que en el cielo
las historias son de aviones.
Hoy he sido sorprendido
porque a veces la mirada
es lo único que tienes por hacer.

Me quedé mirando arriba,
no pensé si aquel trayecto
era huida  
y a su vez era el destino
de otras horas por marcar
al final de hojas en blanco.

Frío y quieto,
congelado,
vi el avión que iba hacia al norte
y muy poco me faltó, para llorar.

Primero dejó un rastro,
blanco, de algodón.
Yo no sabía si mirar aquella estela
o si seguir la dirección dónde se iba;
más y más pequeño, cada vez.

El avión se desprendió
de ese su rastro.
Aquella línea se quedó
equivocada en pleno cielo
a las seis de la mañana.

Esperaba que de pronto se perdiera
y acabara como algo que se sueña;
pero siguió.
Contrario a lo que yo sabía,
pintó una nueva herida de su recorrido
y su cola fue más grande.

Lo que siento justo ahora
es que uno, aunque lo sepa,
no recuerda que hay personas
como aviones.
No sabemos qué mirar,
o su rastro al alejarse
o ese cuerpo que se adentra
en la distancia.

Omar Alej. 

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