viernes, 23 de febrero de 2018

Desposeído y vacío.

Mi estado no es la desdicha, pero tampoco es dicha, ni indiferencia, ni debilidad, ni agotamiento, ni cualquier otro interés, ¿qué es entonces?

Diarios I. Franz Kafka. 


A veces no hay nada,
lo que ocurrió en el pasado
ya es más tarde que nunca
y queda mal la nostalgia;
se ha indicado muy bien
que uno viaje ligero
y es lo que se hace…

Llegas a un puerto,
las lanchas se agitan
como si de bailar se tratara,
los marineros avanzan,
los pescadores aguantan
y las cocinas humean
un mismo olor dividido
entre varios locales.
Es necesario el recuerdo
de lo que quieres tocar
cuando tocas el agua;
pero te dejaste los huesos
y ya en la estación que pasaste
decides dejar
lo que sería tu equipaje.

Al final de la tarde no tienes
en nada más que pensar
y entonces piensas que has hecho
del corazón un fantasma
y de tus manos un gueto
donde no queda nadie.

Tienes partida la cara;
pero las caras se parten
en un momento cualquiera,
no es necesario ni el golpe
que tú ya sabes que viene.

Desposeído y vacío,
así es como estás presenciando el presente.

Cuando fui niño en Los Mochis
hubo un ciclón de gran fuerza,
salí a mirar qué pasaba
y es tuve a punto de ser llevado
a través de los vientos…
era ligero entonces,
no tenía peso ni ancla.

No sé porque lo recuerdo.
Quisiera llorar por algo;
pero es que a veces no hay nada.

Omar Alej. 

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