miércoles, 28 de febrero de 2018

Alguna vez me gustaría sentirme seguro.

Lo peor de mí, lo peor que yo tengo, es esa necesidad que me invade justo cuando creo haber llegado al dichoso momento de estar sin hacer nada. Puedo necesitar una galleta, un cigarrillo, ver la hora o llamar a alguien. Todo lo que no necesité mientras estaba dispuesto, se vuelve necesario una vez que estoy a punto de olvidarme de todo.

Diario de un Moto/Circuito (2018)
Omar Alej. 


No sé si exista el oficio
de abrir y cerrar los días,
como si fueran botones de flores
o cafeterías;
pero sé que es cierto
que hay alguien que lo hace
en determinado momento
y sin saber los motivos…

El día de ayer
lo cerró el dependiente
de una licorería.
Me miró sin mirarme,
con la mente llegando al lugar
al que ya estaba a punto de irse,
se mostraba vacío;
pero sin apetito.
No hubo más que decirnos,
solamente aguantar
como un hecho
que hay de esos días que te acaban  
antes de acabarse.

Sin embargo hoy
se abrió entre los ojos
de una chica que dijo
ser buena.
En sus ojos verdes
quedaban rastros del sueño
que la despertaba mojada
y aunque no lamentaba su suerte
me dio la impresión de tener muchas ganas
de encontrarse con alguien
que la pudiera llevar
a matar inocentes.

Cuento todo esto
mientras cuento los metros de alfombra
que hay de aquí a la salida.

Alguna vez me gustaría sentirme seguro,
saber que seré yo el que ponga el cerrojo
o el que abra la puerta
de una sola patada; pero he aprendido
de otros
y no he aprendido de mí.
Eso condiciona el talento;
te lleva a sentir
que mientras un día
puede ser abierto o cerrado
tú solo estás adentro.

Omar Alej. 

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