martes, 23 de enero de 2018

Pedido de amor perdido.

El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.

Ayer te besé en los labios. Pedro Salinas. 


Nunca fue fácil hablarle. 
Cuando estaba a su lado,
tanteando palabras
o cada uno en silencio,
solía prevenirme; 
quizá solamente se trataba
de alguien más que un día llegó
y de alguien menos que al otro día se fue.

Cuando me pregunto
qué es lo que me queda,  
o cualquier otra cosa
sin respuestas precisas,
aguardo un instante;
todo el tiempo no alcanza,
para cambiar los detalles
y yo mantengo el reflejo
de esquivar sus cuchillos.
Solía responderme
con alguna broma
a cualquiera de mis dudas.

Ojala fuera el mundo
ese aviario sin fin
en el que anidaban las aves
que tenía en la cabeza,
emigrando.
Después de tanto fallar,
al querer atraparla,
ya le puedo desear
que nunca –como yo,
pierda sus alas y el cielo.

Ahora estoy detenido.
Sé de los que caminan
siguiendo huellas ajenas;
pero al llegar se dan cuenta
que a la mitad del camino
habían perdido el recuerdo
de lo que estaban buscando,
solo siguieron estando
en una sala de espera.

Como un ladrón,
que ve su reflejo en el agua,
tengo que admitir que lo que robé
jamás será mío.
Veras que al final,
cuando la noche me llamé a cavar,
la luna no estará
porque se habrá ido con ella.

Creo que no he recibido demasiados golpes,
todavía.
Quizá el golpe definitivo;
pero no demasiados golpes,
todavía.

Omar Alej.  

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