lunes, 22 de enero de 2018

Es el árbol.

Damos vueltas por el cielo
a kilómetros de los pinos
y no hay espacio entre nosotros,
pero no somos Uno
ni nada de eso.

Mi consorte. Leonard Cohen. 



Es el árbol
al que me abrazo y encadeno;
porque el miedo a ser talado
se convierte en lo que hay,
para anidar. Además ni siquiera es un árbol
y un pájaro es de quien lo mira volar.

La otra noche me caí
de entre sus ramas;
caminaba y al mirar era un camino
que se hacía a todas partes
porque ni mi presencia en el lugar
estaba ahí.

Son los peces de madera  
los que siguen en el agua
porque el mar se hace la red
que los llama a continuar.

No podría sin su voz,
la oratoria en la que mueve
el encanto de la depredación
y después cuando ha callado
mis oídos se me han ido
a la estación abandonada;
donde vuelven a llorar
las palabras que recuerdo.

Si llueve
y la lluvia levanta
el olor de los animales quemados,
a pesar de la ira,  
ella sigue conmigo
y yo sigo con ella.

Es el árbol
y bajo mi sombra dibuja una balsa
hecha con mi piel y mis huesos,
para navegar.


Omar Alej. 

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