miércoles, 31 de enero de 2018

Era un ave.


Echar en falta: percibir la ausencia de algo o alguien. O, por desgracia, también fallar en algo, como en echar en falta las oportunidades de otros tiempos.

La lección de anatomía. Philip Roth. 


Era un ave.
Lo mismo iba que venía.
Hablaba con sus plantas
y escuchaba atentamente
la campana de la iglesia
hasta hacerla replicar.
Socorría al sol del medio día
y evitaba el adjetivo
que pudiera lastimar a la belleza.

Tenía el rictus de aquel pueblo
a la mitad de sus infancias,
me contó de ese calor
que hace dormir a los caballos;
contorsiona entre mis notas
lo que hizo
cuando vio que de algún modo
-sin plumaje y sin alas-
yo insistía en alcanzarla.

Era un ave
y la tallaba en mármol,
para lujo de la piedra.

Delicada con los niños
e impaciente en las mañanas,
dieta solida de porros en ayunas.
Una idiota al servicio de las olas,
la pendeja atormentada por el tiempo
y la verdad que se marchita
en las palabras.

Maestra en avatares
y señora de los reinos de la arena movediza,
la gitana que escondía tu coraje
por debajo de sus ropas;
era un ave camuflada con los aires,
Buenos Aires.

Enmarcaba como suyas cada una de las plazas
y exigía que también la luna la bronceara;
tenía rasgos propios de la niebla
y era impropio de su cuerpo sujetarse,
hacer quietud.  

Era un ave
y la tallaba en mármol,
para lujo de la piedra.
Fue matarla;
todo a cambio de la condena.

Omar Alej. 

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