miércoles, 17 de enero de 2018

El día me despierta orinándome en la cara.


Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema

Llamado por los malos poetas. Rodolfo Fogwill.


Nuestra relación
es porque el ocio, por más que se esfuerce,
dura muy poco y además nací en aquel pueblo
empeñado en ser una ciudad.

El día me despierta orinándome en la cara,
es como hace mis vilos 
y aunque me opongo -¡claro que me opongo!-
resulta que sí; que hay una mujer
que, aunque ya está corriendo del brazo de otro,
no estará viva hasta que yo me levante
y ande.  

El día es el gran pescador
y todo en el día
son sus anzuelos dulces, amargos,
brillantes y según cada uno civilice
el canibalismo…

¿Recuerdas el día
en el que estaba preso?
fue el día de mi cumpleaños,
día jueves, en sus primeras horas;
un día de mierda.

No hay memoria posible,
para abatirlo.
Se muestran en museos,
en cementerios,  
en libros abiertos y en libros cerrados,  
sus formas oscuras
de hacer con la luz un negocio geométrico;
redondo o cuadrado según sea el caso.  

En este día
y en cualquiera de los días,
que un día pudiera ser,
son necesarias las astucias
y hacer como si no pasara nada
al pasar por delante del pasillo de alimentos enlatados:

Es terror como ninguno.

<<Ten cuidado>>
Es lo que me dice y yo me cuido.

Tristemente alguien murió
de otra cosa que no fue una gran tristeza.
Un pequeñísimo animal
despuntó como la gran versión del hombre.
Alguien clavó sobre la puerta
un aviso muy decente,
muy bien redactado, de desalojo.
Seguro que ahora mismo, en algún lado,
un marino que se cree el poeta de la mar
ha vaciado sus bolsillos en propinas;
pero el día es el día
y una vez que sale el sol
nada más se puede ser.

Omar Alej. 

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