viernes, 26 de enero de 2018

Aquel hombre invisible que no consiguió la invisibilidad.

«era de esa clase de individuos a los que no se les ve a primera vista, aunque estén solos en el fondo de una piscina de cemento vacía»

Luz de Agosto. William Faulkner 


Pasaban brillantes,
pasaban de mí
y yo los miraba pasar
sin nadie a mi lado.

Iba a saber que la vida
es lo que escapa, pasando.
Uno no puede evitar sonreír
cuando la suerte se muestra posible;
pero se va en otras manos.

Desde que ya no pasean por aquí,
cada tarde, mientras espero que vuelvan,
he llegado a pensar
que solamente existían
durante las tardes de la primavera.

Otras veces, imagino
que podrían recordarme.
Quizá, para ellos, yo era
aquel hombre invisible
que no consiguió la invisibilidad.

En ellos,
la soledad parecía ser algo que se pudiera dejar
con abrir los brazos.
No era como siempre creí que sería
y tal vez alguien pasa;
que me hiciera sentir que estar solo
no era más que su ausencia.

Aquellos enamorados
a los cuales yo amaba,
sin aparente motivo o razón,
contenían el poder
de hacer sonar la ciudad
como una música propia.

Me hubiera gustado tocarlos,
su piel parecía celulosa  
de películas mudas;
pero en sus movimientos giraban los faros
y se podía ver el mar.

No existirían por separado,
Él era hermoso por Ella
y Ella seguía delante de Él...
eran un cuadro violento
sobre una carta de amor
que está entre las llamas,
llamando.

Cuando la primavera se agota
y los calendarios se llenan,
la luz del sol ya no es luz.
Eso parecen saberlo
los dos amantes que ahora
viven detrás de la luna,
en la playa todo el tiempo.

Omar Alej. 

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