viernes, 1 de diciembre de 2017

La llamada, para pedir cocaína.

"Un tiburón puede comerte una pierna o puede comerte entero, eso depende del hambre que tenga."

Lo peor de todo. Ray Loriga. 


Hola Tom ¿cómo estás? ¡Leela! hola y ola de la mar ¿dónde estás? necesito pedirte un favor, por favor. Dime ¿qué pasa? ¿ahora qué? solo te advierto que sigue siendo muy extraño esto de ser ex novios y que sea precisamente conmigo con quien corras cada vez que necesitas algo. Leela ya lo sé, no te pongas así, te prometo que es la última vez ¿vale? Tom, siempre es la última vez; pero venga, dime ¿qué necesitas? Te cuento, es que estoy medio colocado, muy contento; con unos amigos nuevos que conocí y pues no quiero cortar, el lio es que ya no tengo dineros –tú sabes- y aunque sí hay de tomar se nos acabó la coquichi, el periquito, la dama blanca, el contenido freudiano de nuestras perversiones. Vale y ¿qué quieres que yo haga? yo no tengo, fúmense un porro o sigan bebiendo, si se acabó se acabó. No Leela no digas eso, recuerda lo que decía Máximo Gorki <<es, cuando menos, vulgar culpar a los demás de lo que uno deja de hacer>> Tom, la frase no es así y no fue Gorki quien la dijo ¿No? ¿como es? ¿quién la dijo? Da lo mismo, lo siento; si fuera algo importante me llamas, no para estas cosas. Oh, perdona no quería incomodar tus horas de sueño; siga durmiendo, siga durmiendo y no veas debajo de la cama, recuerda que te da miedo encontrar ahí a tu amiga desparecida. Qué odioso eres Tom ¿qué significa ese tono? ¿se supone que estoy mal por querer dormir? eres idiota. Al menos soy un idiota liberado y con la fuerza suficiente, para ser quien quiero ser. Ah muy bien, muy loable; pero ¿y la cocaína? ¡Bruja! no te burles, es en serio, ayúdame.  A ver, Tom, me imagino que es un disparate de los tuyos; pero –exactamente- ¿qué quieres que haga? Gracias, Leela ¿de verdad me vas a ayudar? Yo no he dicho eso; pero cuéntame, igual ya se me ha espantado el sueño. Pues eso, guapa, que estoy en una movida muy chula y pues hace falta materia y quería pedirte –por favor, me ayudaras a contactar con tu dealer. Qué joda, Tom, pues te paso el numero; pero a ver si te contesta. No Leela, no, el tema es que yo no puedo ir y además no traigo dinero; lo que te pido es que lo contactes, le pidas tres o cuatro gramos, vayas por eso y lo traigas acá; ya después te vas
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¿Leela? ¿sigues ahí? Qué demonios, Tom, es que no me lo creo ¿Qué? ¿qué pasa? es solamente un favor, yo lo haría por ti. Que me lo pidas me hace querer hacerlo y al mismo tiempo avergonzada de mi misma ¿nunca te has planteado la posibilidad de que tenga dignidad? Leela, no digas eso, somos más que esos trucos de lo que es bueno o malo, lo correcto o incorrecto; somos caballos salvajes como la canción de los Stone. Claro, siempre y cuando se te cumpla cada capricho, que además te inventas –siempre- estando morado de contento, no Tom; no va y tú no eres Keef. Qué mal, me había emocionado, a veces todos esos francotiradores, de todas las azoteas, se van a tomar una cerveza y en su ausencia yo puedo disfrutar de cuatro rayas escuchando canciones o el disco de Berlín; como hubiera querido Lou Reed. No creo que a Lou Reed le hayas importado, es más; no creo que a nadie le hayas importado. A ti te importo, Leela ¿te importo? Voy a comprar tres gramos y me los vas pagar, además me voy a quedar uno y nada de que te los dejo y me voy; me quedaré a ver si yo tambien te pido algún favor. Bienvenida. Nada de bienvenida, no te hagas el amable ¿con quién estás? ¿quiénes son esos amigos nuevos? No hay nadie Leela, estoy solo, acá te espero, no tardes.

Omar Alej. 

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