miércoles, 1 de noviembre de 2017

Perdido (De regreso)


Sentado de espaldas a un hormiguero,
recitando estos versos:
“El mundo se acabará.
No se encontrará el secreto.”

Palo. Martín Rodríguez. 


Perdido, porque acaso es lo que es…
igual al niño que pensó
en un laberinto
y se perdió
buscando formas
de hacer días imposibles
de salirse con la suya.  

Perdido, porque acaso un enemigo…
en lo último que dicen
del futuro.
Que se ve que ese reflejo
en la distancia
viene dando atropellados
a la causa de occidente.

Perdido, porque acaso soy grumete…
en el manto que en su ojos
hace tibio lo que falta
y mueve a un mar
que renunciaba
por dolor de sal
y de olas dislocadas.

Perdido, porque acaso es un exilio…
de un mosaico a una baldosa;
anhelando que así huyo
a mi madre de la muerte
y sostengo por las colas de la vida
a un cachorro que acompañe
a mi ternura. Hasta mostrarse
mutuamente
como muerde un crucigrama.

Perdido, porque quiero darte un beso…
voy con tacto
y sale espuma;
un contrato de intenciones
que detenga la intención
de socorrerte
en tu loca dimensión
de vanidad…

Perdido, porque acaso sigo siendo…
todavía sin saber de qué manera.
Entre tus manos gira un dado,
una ruleta, una matrushka, un torbellino,
noche aciaga, el porvenir, canción de Dylan,
humo lácteo, contertulios,  
génesis y aguja de un termostato
cuando gira y gira y gira:
rompe la temperatura.

Perdido, porque acaso es afuera…
por adentro
de la costumbre planetaria
de hacer voces con la voz
y con los gatos
que pelean por un acto
en los botes de basura
de mi alma,
en ciudad lenta.

Perdido, porque acaso va el temor…
se siente divertido e impresionante
haber caído en un hechizo
cuando vengo jubilado  
de la magia.

Omar Alej.   

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