miércoles, 8 de noviembre de 2017

Del lado feo de lo bello.


Me falta cortar todas las flores.
Olerlas, y que me huelan hasta hallar al niño que las huele
por primera vez.

Puñal. Martin Rodríguez. 


Del lado feo de lo bello
uno saca una página denuncia
contra el módico placer
que fue quedando de las ganas
de entregarnos de una vez y para siempre,
esta vez sin resistencia.

Hay crujidos y silencio,
tempestades y guirnaldas en Diciembre
como un parque de atracciones
inspirado en hospitales.

Cuatro chicas universitarias
que al mirar piensan en Conrad
son el primer copo de nieve de una helada.

Se levanta sin alarde un niño flaco
con la cara herida y las manos
escondidas en los puños
de unos guantes que no pudieron
terminar de tejer.

Cada tarde de domingo
un comedor de cuatro estrellas,
transmisiones de revueltas
y discursos de reloj de arena;
la nostalgia por los días
de saberse poseedor
de nada a medias
y antibiótico los lunes…

No es posible lo imposible
y debemos dar las gracias
por los rayos cancerígenos del sol
que de pronto han calcinado
el corazón de aquel futuro
en el que haríamos de un golpe
el amor, todo el amor.

De las leyes que más temes
te sostienes y confías
que te cuide el celador
que te ha impedido la salida
a caminar dentro del bosque…
del lado feo de lo bello
uno aprende a transmitirse
como un acto de piedad
y de pronto es suficiente
con soñar,
para sentirse espectador de los milagros.

Poco queda,
levantarse, pedir tiempo
y reponerse a los mareos,
queda el ansia que da el tiempo
y la esperanza truculenta
y comedia:
tragicómica virtud del puercoespín
según Arturo Schopenhauer.

Sale el arte de extinguir,
la factura del sedán pagada a plazos,
el trabajo del fumigador,
la pasión del trovador
por hablar del mundo en África.
Del lado feo de lo bello
tal vez yo o quizás tú…

Todo eso uno lo saca de saber
que pica el alacrán
aunque no tenga alas
ni boca de pez.

Omar Alej. 

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