lunes, 6 de noviembre de 2017

A falta de palabras, palabras.

“yo me miro decir que no me gusta el fútbol,
miro cómo me crecen las orejas
y en el humor helado, la tijera
me susurra su tajo.”

Peluquería. Pedro Mairal. 


Hago acopio de palabras,
las cambio por una nación,
por mi familia, por el precio de la suerte
y también la libertad;
pero encuentro que son grandes
y otras chicas, que no son las que buscaba.

La función de hablar de mí no se precisa
en una u otra,
tengo pena y querría decirla toda.

Cuando digo que he vomitado,
no vomito.
Cuando siento y lo suplico,  
es apenas la fragancia
del recuerdo del dolor
y si amo que haya amantes
de los cuales deberíamos saber
y hacer un barco,
justo en eso no hay amor : más de la cuenta.

Tampoco quedo solo
por mentar la soledad
que me abre al mundo
de los pobres,
que suben y que caen
desde ese árbol de madera
con raíces de violencia.

De algún modo el andariego,
al ir perdiendo la mirada,
no ha logrado retener
de cuantos besos
está hecha la distancia…

Te diría que silencio;
pero luego te diría de algo más.
Me deshiela poner hielo
entre las hojas lastimadas
y al invierno si lo invoco
le resultan hombres rana
de polietileno.

Doy la vida y luego
al darla
solo es un argumento dilatado
en el que penetran
las más vanas perversiones.

Menos pasa
cuando escribo de la muerte
porque me he quedado
sin más formas de decir
que estoy a nada de la nada.

Hago acopio de palabras,
excitado por sacar
a la aventura un callejón
de dos salidas;
pero, para hablar de mí
no sé muy bien lo que estoy diciendo.
Eso hace que pretenda
que no existe una sola
que al decirla, en realidad,
lo deje en claro.


Omar Alej.

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