viernes, 13 de octubre de 2017

Lo más hondo que viajé en el amor.

¡Y un olor de imposible, de placer no extinguido
y saciado, ese más que tiene la belleza,
laberinto sin clave, sin fin y sin sentido,
que nace con locura y muere con tristeza!

Acabas de salir de tu alcoba... Yo he entrado. Juan Ramón Jiménez. 


A veces las letras llenas
y la vida vacía;
pero también al revés.
También viceversa.

Empuño tu cuello,
tus huesos se sienten
como una cadena de hielo.
Confirmo que el aire
es uno entre dos.

Me pasaron cosas
y las palabras que iban contando
lo que pasaría
empezaron a sonar fuera,
eran nada o eran todo;
esa fue la palabra distancia…

Alguna gente tiene vanidad,
egoísmo mezquindad y la necesidad suficiente,
para llegar a ser un miserable.
Habremos otros
que simplemente no tenemos lo necesario,
para tener dignidad.

Entonces colmo
y la tensión se dispersa
como en un riesgo hace el ruido.

No sé qué hubiera querido por siempre.
Una vez fuiste tú
de una lujuria poseída
y ahora estoy profundamente herido
de una debilitante sensación.

Con esta tibieza levantas el tiempo
hasta hacerlo visible.
Dueña de un reloj en reversa,  
en tu andar hacia el lago, seca,
recuerdo la Nouvelle vague.

Se sentía como si un juez borracho
presidiera la sala. No parecía eso;
así se sentía
y tus gemidos eran despecho
y tus suspiros eran despecho
y tus silencios eran despecho.

Temblé porque tu piel no temblaba.

Porque soñaba con verte llegar a ese punto,
donde no te veo,
te canté las canciones
que antes te cantaba.

Tú no has llegado
y mientras tanto he hecho todo el camino
 que nos trajo aquí, París-Texas.

Hermana, sé que no estás excitada
y eso es lo más hondo que viajé en el amor.
Omar Alej. 

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