lunes, 30 de octubre de 2017

Estar lejos (La fe de antes)

Ve tras él,
cógelo, chico, dice el hombre del bastón.
Come, dice el hambriento, y otra vez nos sumergimos a ciegas
en la recámara que hay detrás del pensamiento.

Poema sinfónico. John Ashbery. 

Me transporto a la distancia sin saber si lo que creo
fue creado junto aquello que me ahuyenta por ser cierto.
Asalto la taquilla,  el tren fantasma,
antes de que me reviente el agua
que anda en busca de los ríos
empujando en mis fronteras, códigos de la extinción.

No es un melodrama de los míos ni amenazo por captar la luz del foco.
No es intento de atención ni navaja de afeitar contra los hilos…

Sí. Voy al canto de sirena del que nadie regresó
sin ser naufragio.  
No. De amuleto no me llevo nada más
que mi postal de aquel invierno.

Una fuente, seca en mí,
que igual brota de supervivencia…

Hay secretos en el viento que no entiendo.
Hay mujeres con el alma más allá de la belleza
adivinada en lo divino.
Es la noche lo que llama
por el lobo de los bosques
y hay motivos de ilusión
en dos faroles alejados entre sí:

Un silencio en la cometa  
y palabras que liberan del carrete
la otra punta de una vieja via lactea. 

Hay un cruce de caminos
que funciona de espiral
por donde asciende del olvido
la memoria aún caliente
de una alarma que sonó
a las dos y cuarto.

Pretendo lanzar la moneda
y allá a donde caiga
convertirme en la cara
o convertirme en la cruz;
según aquel juego
de aprender del tiempo cada ambigüedad,  
en caso de derrota.

Si queda regreso
lo llevo en el puño izquierdo
con la forma que queda
de un ventanal destruido,
desde las costuras.
Si debo volver
solo podré regresar
a donde nunca antes fui…

He pegado ésta huida hacia adelante,
el viejo paso del cobarde,
porque, amante, el corazón
en su bandera se consume
y yo soy el que lo entrega
al horizonte como duda
y que es también la fe de antes.

Omar Alej.  

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