viernes, 22 de septiembre de 2017

Quiero ser como Harry Dean Stanton.

¡Cómo me gustaría que una ola fresca cubriera mi mente
Que el mundo se trocara en hoja seca,
O en un vilano al viento,
Para que yo pudiera encontrarte de nuevo
Sola!
Francesca. Ezra Pound


Ayer,
los perros de la noche ladraban,
amenazantes y hechos ruido
de rastros…

Hoy,
al salir a la calle,
una parvada de aves extrañas
me hizo girar
a seguirlos con la mirada
sin que supiera por qué…

Como Dios no cree en mí
y como yo no creo en los hombres,
desde la vez en la que se formaron
para recibir su paga,
voy a reservar mi voz,
para hablar a los ojos
tan solo con lo que pueda hacer
con mi cara.

Solo diré aquellas cosas
que no he podido decir
por temor a perder
y perderé el cobijo,
el pan, la cabeza y los dientes.

Solo habré de decir,  
a quien no busca victoria,
que estoy temeroso
del brillo del oro.

Siempre que hablo
parto la espesura del tiempo;
ya quiero hablar para nadie.

Tal vez eche de menos la risa
de lo que dije entre bromas;
pero he llegado a la edad
en la que uno no extraña
lo que ya no será.

Si solo puedo amenazar
con hacer lo que he visto a otros hacer,
en todo caso exagerando
¿Qué sentido tiene intentar decir de algo
que ya no hay tiempo de sentir?

No diré los juramentos.
No diré la libertad.
No diré sobre el amor.
No diré de dónde vengo.
No diré a donde voy,
llevado por los hilos invisibles
que por siempre han de temblar
dentro del viento.

No diré qué no diré.

No diré ni a Baudelaire
ni a Leonard Cohen;
pero mi voz
la guardo ahora
y si es que existe algo adentro
de mi ser y si mi ser es lo que es,
que se coman entre ellos;
mientras bebo
con las mismas ganas de olvidar
de un soñador.

Y ojala que se sepa:

Ésta no es mi voz.
Ésta es mi palabra.

Omar Alej.