viernes, 1 de septiembre de 2017

No es un mito. Ojos de loca, existe. Yo la vi.

¿Volvería a vivir mi vida otra vez?
¿Cometería los mismos errores imperdonables?
Sí, si tuviera la menor oportunidad. Sí.

Lluvia. Raymond Carver. 


Ojos de loca,
pensé que lo sufriría;
pero me alegro de ser yo
el que te diga que estás loca:

Ojos de loca,
negro espuma de la sal
mirando al cielo,
a las aves de revés
y a los huecos en la tierra
que jugaba de pequeña
y que aún siente entre las manos.

Ojos de loca;
son capaces de reír mientras que lloran,
de subir mientras que bajan,
de romper mientras se cierran,
de ganar mientras que pierden,
de mirar mientras se van.

Ojos de loca.
Estás dándome lecciones
de mareas que se escalan,
para ver el horizonte
que se oculta bajo el mar:
pensaré que lo mejor
es comprarte la idea
de otro modo me estarías manipulando.

Ojos de loca,
atacando a mí retina,
dando miedo a mi nación,
ninguneando aquellas musas,
traicionando a mi pasado,
empalando mi coraje,
seduciéndome la pena
y cazándome al dormir.

Ojos de loca,
a donde sea que te vayas,
de mi amor llevas la daga
y serás la que no llega
porque estás en mi atrapada.

Ojos de loca,
resumiendo a voluntad
todo el peso de la historia.

Ojos de loca
y caminata a la mañana
a través del cementerio;
donde siguen enterrando huesos
tus idiotas perros muertos.

Ojos de loca,
Naveganta de las olas del placer
cuando es prohibido y capturado
en las redes de viento
que te sacas del sombrero, sombrerera.

Ojos de loca,
ermitaña de mis rezos
y maromas a mi fe
en la cuerda floja.

Ojos de loca,
despertabas a mi lado
cuando estaba en medio
de crueles resacas
y luego fuiste la señora
de un pescado parlanchín
que caminaba;
nunca antes me sentí
tan poca cosa y te quedaste.

Ojos de loca,
si te has ido, volverás, para septiembre,
porque llueve
y tú tu cuerpo lo cobras
por hojas.

Ojos de loca,
belleza en la que no cabe
ni la ambición ni la idea la nada.

Ojos de loca,
tus voces me hablan;
me piden picarte la oreja
con toda la fiebre
que riega en mi lengua.

Ojos de loca,
cerca del fin te conté
de la idea que me persigue;
despierto en el medio
de la plaza roja de Moscú
siendo yo mismo,
mientras que en la tierra
no existe registro de nadie
que hubiera sido yo…

Ojos de loca;
como no te gustó el camarero
me hiciste llamarlo,
para pedirle la hora
que no estaba en el menú
del restaurante suizo.

Ojos de loca;
mirar en tus ojos
la otra locura, la guapa.

Omar Alej.

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