lunes, 18 de septiembre de 2017

Los perros de la noche.

Es una serie de observaciones. En el rincón hace calor.
Y la mirada deja huella en las cosas.
El agua representa el cristal.
Da más pavor el hombre que sus huesos.

Parte de la oración. Joseph Brodsky. 


Los perros de la noche
empezaron a ladrar
con la ansiedad del que ha visto
lo que nadie más va a creer….

Sabiendo que no hay un lenguaje,
para nombrar un horror enterrado en la tierra,
durante la madrugada
los ladridos fueron secos;
una profunda tensión en la carne,
llena de alerta y advertencia.

No era uno ni dos ni tres
ni cuatro ni cinco ni seis,
era como si todos los perros de la noche  
estuvieran retrocediendo
ante una imagen que salía de la oscuridad;
era como si quisieran ayuda
y poder ayudarnos.  

Tuve pánico del ruido esclarecedor
sobre nuestro destino
y al mismo tiempo entendía la urgencia  
como si fueran palabras
de un hermano que hubiera tenido
la visión de un futuro al cual resistir
mediante los ojos abiertos de la cruel locura.

Me quise decir que era el producto
de las últimas horas. Pasó ese momento
en el que uno quiere encontrar
una explicación razonable
a lo que nos asusta;
pero mi abuela decía que hay incendios de rabia
que solo son posibles
cuando un demonio ronda
las calles de una ciudad abandonada por Dios.

La barbaridad de los perros
no ladraba ante un automóvil,
tampoco avisaba sobre un gato en la barda
y ya no cabe pensar
que aquello era el eco
de un primer ladrido
que se repetía, de hocico en hocico,
como un juego canino.

Sin superstición
sé que pasa algo más
cuando un animal
toma el relevo de la vigilancia
y hace que el tiempo
marque la hora
de defender el lugar.

Sé que los perros de la noche
ni se molestan en ladrarle a la luna
a menos que vean que hay humo negro en su luz
de hueso.
Omar Alej. 

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