martes, 12 de septiembre de 2017

La Negrita, para el catarro.

quisiera llegar
a conocerte
mejor y mejor.
Mejor. Leonard Cohen. 


Ya son años de evadirnos,
de buscarnos, de encontrarnos,
de dejarnos, de pelearnos y seguirnos…

Desde niños la conozco
y no podría reconocer qué está pensando,
siempre estuvo junto al pie
de un girasol que no da olor
y que ella cubre con agua de fragancias…

La Negrita me consuela
mientras ríe y se burla
de mi cara de pregunta;
me consuela.
Dice que no estuve mal,
aunque estaba muy borracho y platicon.

Yo hago textos por el clima,
por lo tibio del amor ante el amor;
pero calma mi ansiedad  
con besitos en el cuello
que me deja por deberes
cuando vuelvo del trabajo
ya sin ganas de seguir.

Fui al cine,
leí libros, me oculté.
Me abstuve de dar mi opinión
acerca de aquello que ignoro;
no digo que hay buenos ni malos,
escuché de mis mayores las hazañas
y ni la suma de todos mis esfuerzos
me quitaron de mi estupidez.
Solamente La Negrita me amó así;
aunque ahora, otra vez, tenga que hacerlo.

Quizá haya en otras partes,
otro tipo de entrega.
De viaje, a lomos de un pez de madera,
hemos presenciado el sacrificio silente
de los que agradecen el tiempo…
no creíamos que esto
lo podrían olvidar
y creo en ella, en La Negrita.

Me riñe, se alegra,
está guapa en primavera
y hace otoño cuando leo mis memorias;
los intentos de poesía que escribí a los amigos
y las horas que pasé pensando en ellos
porque estaba a soledades compartidas.

Tengo marcas de su andar
en la piel que yo llamaba libertad
y aunque hay veces
que ni junto, todo eso, es suficiente;
se despista y pinta un hueco,
ella sigue, como siempre La Negrita.

Omar Alej.  

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