miércoles, 13 de septiembre de 2017

Es nadar en las palabras.

Son cosas casi imposibles de
decir, que rozan el melodrama;
sin embargo, desde el primer
día tú y yo supimos que aquello
era para siempre.

Cartas a Yves. Pierre Bergé.  



Digo hoy;
pero ya es ayer…
es nadar en las palabras
y la palabra se dispara
como si nombrar no fuera nada.
Nacen olas de la voz
y a la voz la recubre una eternidad
de brevedades   
que la ama por sí sola, por las ramas;
por el viento que se filtra a una grieta
con el color de los esfuerzos
coloreando en una cara…

De ese sitio que no existe
surge un campo de ilusiones,
un andar, una mirada,
una luz en los balcones  
y tal vez de ahí levanten, las labores,
una mesa y un descanso
a compartir con los amigos.

La pasión que no se explica
más allá de la pasión,
es nadar en las palabras
que nos llevan casi a rastras
a través de la intensión
que abre un camino hasta mañana
y que dice lo que dice
intentando dar consuelo
a la pasión que no se explica
más allá de la pasión.

No seré nunca el primero
en bogar por una ley
que al decir agua
me permita decir ríos
y tormentas y hojas rotas por la lluvia
y una vida en matrimonio
con la espuma:
antes que eso está la fe
y la esperanza, compañera,
porque quieres renunciar;
pero comienzas a entender
que el fin no llega, el fin se va.

Es nadar en las palabras,
encontrar que entre la piel y el esqueleto
un veneno es el antídoto del tiempo.

¿Cuántos besos beso aquí
diciendo labios?
¿Cuántos pétalos de sangre
si te digo que hay espinas?
¿Cuánta muerte resucita
si confieso que no he muerto, todavía?

Es nadar en las palabras
y ese mar no significa solo el mar
ni solo barcos de piratas...
es nadar en las palabras
porque si cierro los ojos
la luna nunca es la misma luna
ni tampoco es una sola una promesa.

Omar Alej. 

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