martes, 11 de julio de 2017

Me proteges.

En cuanto al otoño
hace tiempo que empezó:
No puedo parar la lluvia
No puedo parar la nieve.

El Objetivo. Leonard Cohen.


Me despierto a media noche
padeciendo un noticiero;
con un golpe de memoria
y lo primero es saber a dónde estás,
si estás tranquila.

Para bien y para mal,
he cruzado el centro de la multitud
metido en una jaula.
Estos ojos
han grabado, a cada pieza de pan,
la cara incendiada de los que tiraban piedras
y pedían por respuestas que nadie conocía
aquel que era un niño obsesionado
por llegar a hablar profundo.

Salgo al patio
a caminar en medio metro
de impaciencia mientras fumo;
no puedo evitar reconocer
lo vulnerable que estoy siempre,
cada día a cada hora,
en cada intento por salvarte.

Se me vuelve soledad
pensar que andes por ahí
estando sola
y que las garras del feroz tiempo pasado
excavaran en tus huellas
hasta hacerte padecer en cada instante
del futuro…

Tú igual juegas,
subes hasta el templo de mis miedos
tu sonrisa y vuelves todo otra mañana;
la imposible, la que gana el corazón
y luego canta en sus canciones El Cartero.

Me das brillos que juntaste con toda palabra
de un idioma universal  
y luego ordenas que aparezcan los poemas
desde el este hasta el oeste, provenientes
del estuche de juguete
en el que guardas la poción con que maquillo
mis vergüenzas.

Caen las bombas, amenazas,
los cuerpos a la tierra
y tú al tanto.
En la plena oscuridad de una marea
de centrifugas deidades
haces venir al camarero
y pides whisky, para mí,
con toda el alma.

Omar Alej.

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