jueves, 13 de julio de 2017

Estrella extraviada.

Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.
Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.

Así nunca volvió a ser. Ángel González. 


Quédate aquí,
estrella extraviada;
caíste veloz sin poder darte cuenta
de que has caído en mis manos
a tiempo…

En poco hará calma,
no te molestes en explicarte;
sé qué empezó con la cortina
que era de agua
cuando el reloj cambió los días.

Sigue encendida,
estás hecha en flamas
y he hecho mis manos;
son para abrir un hueco en la hoja
y dejar que salga tu cama
de flores violetas:

Llámalas Lily´s.

Bien, bienvenida.
Me has recordado
a que no me olvide
que entra la luz;
queda una sombra
guardando el vino
de una ternura.

Rojas cerezas,
azules globos llenos de espuma
y tu nombre sea lo que encontré
en las paredes del laberinto.

Ya pasa el miedo,
la noche lo lleva consigo
a ver al santo de las barricadas,
puede ser breve sentir la piel
y hacer un rayo, tronar los besos;
pero las líneas sobre las calles
que hace tu cuerpo…
para encontrarte fue para siempre.

Nada tenía marcas de nadie,
justo es que hoy, contra el cristal,
se pueda ver a una ciudad
que se despierta contigo yendo
de aquí y de allá.

Sigue llegando.
Eso es el fuego,
lo que está al fondo
y sigue llenando
al mar de historias
sobre la estrella
que bajó a verse
en el reflejo del río que corre,
interminable,
hasta el origen del universo.

Omar Alej.

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