lunes, 10 de julio de 2017

Es un gato bravo (Human Friendly).

Nadie a quien seguir
y nada que enseñar,
excepto que el objetivo
está fuera de alcance.

El objetivo. Leonard Cohen.


Ambos estábamos despiertos por costumbre;
lo encontré. Es un gato bravo.
Fue una de esas veces
que uno se despierta en medio de la noche,
para abrir el frigorífico.
Pensaba en preparar la mortadela
con pimientos y aceitunas;
no esperaba encontrar en la cocina
nada más que la soledad habitual de un insomne.

Su reacción fue contundente,
tenía hambre y no se iría
hasta haber conseguido
la comida que venía a buscar;
sus dos ojos grises confirmaban el mito felino
y además lucían desorbitados en la combinación
con su piel dorada.

Nos tomamos un instante
para medirnos
y reconocer que en el terreno
el tiempo era propicio, para compartir
algo más que suspicacias y sospechas
comunes entre extraños.

Nos desaprobó lo que yo había preparado
y comimos en el medio de un silencio de trinchera.
Me di cuenta que había entrado
por la habitación de atrás que tiene la ventana rota
y las puntas de cristales al desnudo
parecieran custodiar algún tipo de resguardo.

Lo exploré muy de reojo,
quería descartar que estuviera lastimado;
el rastro de la tierra entre sus garras
produjo en mí ese mismo sentimiento de respeto
que nada sabe de verdades o mentiras.

Nunca fui
de los que salvan animales de la calle;
aún me aleja la codicia que niegan algunos
a través de sus mascotas personalizadas.

Terminamos de comer
y nos quedamos un instante sin movernos,
tal vez atravesados por preguntas
que no podíamos formular el uno al otro:
La potencia de la luna en dos minutos,
resultaba –de privada, encantadora.

Muy tranquilo encaminó hacia mi silla
y pasó por mi regazo sin mostrar ningún alarde,
después trazó justo el mismo recorrido
que había hecho, para entrar sin hacer ruido.

Intento no sonar desesperado
sin embargo hizo por mí
algo más que la sola esperanza.

Omar Alej.

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