miércoles, 12 de julio de 2017

Era un amor cotidiano (Cachorro de león).

“Y te vengo a buscar, aunque sólo para verte o hablar,
porque requiero tu presencia,
para entender mejor mi esencia”
Y te vengo a buscar. Franco Battiato. 


Éramos uno y el otro,
una pareja de lo más normal;
lo familiar y cotidiano:

El resultado contra el azar.
(Ella vuelve a la ciudad
de niña quiso escapar a ver el mundo.
Pretendía atrapar el alma de la humanidad en un segundo,
con su vestido oriental y sus zapatos de cristal en la maleta)

Me emborrachaba
mientras miraba dormir
su lado más feo
sobre una almohada de alquiler
que solía hacerse cal
con el primer rayo de sol;
yo la amaba del modo idiota
que hace pensar y querer guardar
lo que puedes perder, para siempre.
(Demasiados hombres rudos la dejaron olvidada en la cuneta).

Le debía respirar
y también, por arte de magia,
suspirar al terminar de descender de un tren de auxilio;
acercarme a mi vida
y sentir que tenía el derecho
de vivirla porque sí
sin tener culpa
(Ella quería mejorar, dejar atrás la cobardía y los temores.
No sabía empezar, demasiado tiempo andando entre las flores).

Atacábamos  
cada breve grieta en el tiempo,
para aprovechar cada frecuencia
y dedicarnos a esa que era
una canción en realidad conmovedora
(Una vida imaginaria adaptada para cada situación.
Sin verdad, sin novedad, sin sobresaltos, sin dolor, sin corazón).

No lo sabe porque se iba a con las playas
a contarse los lunares
que la luna le heredó por ser morena;
me dejaba introvertido, sabiendo
que a este día llegaría sin aviso
y sin dejarme hacer las compras de pánico:

La noticia es lo otro,
lo que nunca llegas a saber.

(Todavía hoy,
detrás del espejo
intuimos algo bueno y fiel.
No más decepciones
ni desilusiones,
solo calma y claridad
y mirar a los barcos pasar)

Su pasión fue un claro del cambio mayor
teniéndola infiltrada desde adentro
(Ella por fin maduró;
dejó las drogas y el alcohol
y ahora es artista).

Hace un tiempo que no está  
y es sencillo deducir por qué
al final me quedo yo.
(Pero nada de novelas de autor
ni de canciones de folk, o rock
que va).

Era típico el disparo
y gritar que no podrían detenerme
si llevaba el pecho en vena
debajo del ridículo albornoz;
mientras que ella me tentaba
si decía que no era un Rolling Stone.

(Tiene un cachorro de león
y es una perfecta equilibrista
Un hombre bueno la observa desde abajo
La mima y la protege
Y hace todo el trabajo
Cada día cocina para ella con amor
le cuenta historias de terror
y toca el contrabajo.)

Y yo nunca me cuidaba,
me caía de las lianas
y mis fuerzas eran celos y venganzas y apatías:

Lo normal en un norteño
sin escamas
(Naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa
naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa
naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa
naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa).
Coque Malla/Omar Alej.


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