jueves, 20 de julio de 2017

Yo pensaba que amarte era herirme (No te enamores de un cobarde).

«Me pasé la vida aprendiendo a sentir menos.
Cada día sentía menos.
¿Eso es madurar? ¿O es algo peor?
Uno no puede protegerse de la tristeza sin protegerse al mismo tiempo de la felicidad».

Tan fuerte, tan cerca. Jonathan Safran Foer.


Yo pensaba que amarte era herirme
con los pálidos faros
de un coche que derrapa
a través de la nada
de una ciudad vacía;
dejar para luego un acontecimiento cercano
como escucharte cantar con palabras distintas
las canciones de siempre.

Yo pensaba que amarte era herirme
enquistarme en aceras
donde la soledad se comprende
con la agonía de un ángel guardián;
suspirar por tu aliento si te encuentro lejos
y no hacer el más mínimo ruido
al sentirte cerca,
para no deshacer el encanto de un hielo
en forma de alas rotas.

Yo pensaba que amarte era herirme,
despreciar el momento de la pura locura;
manejándome incierto
a través de las horas que incurrían en el agua.
Como si fueran anzuelos repletos de peces
que después desprendían
con el gesto sublime de un niño
atrapado desnudo a la orilla de un río.

Yo pensaba que amarte era herirme
porque era un cobarde
y pensé del amor
que el amor era un sueño
al cual dejar escaparse:

Yo pensé del amor un poder
y quería imponer la épica adversa
de los inviernos y las prisiones;
desfiguraba la espera,
esperando que fuera
una entrega absoluta a mis años perdidos
a través del futuro y también del pasado.

Pero cuanto me amaste, tú.

Con un lugar para mí y las intrigas
de los rancios poetas
y con otro lugar donde un plato de sopa
y los besos calientes…

El amor fue salvarnos,
construir sin descanso
la ficción imposible
contra la realidad obligada:

Despertar tras la luna,
bajo la oscuridad de mil cielos
y encontrar la palabra…

Porque Camboya es un sitio
a donde amarte es atreverme
a sentir que te amo
muy por encima de las leyes oscuras
o el destino fatal
con el que resguardaba
mi huida hacia la distancia
que me cubriría;
pero sin poner sobre mi más que miedo.

Omar Alej. 

miércoles, 19 de julio de 2017

(Solo en casa)

—Ea, ya me he dado a mí mismo un abrazo. Considera recibido el tuyo y vete a acostar, anda.

Así empieza lo malo. Javier Marías. 


Segundo día (Solo en casa)
sin tener ninguna razón, para salir.

“La vida sin trabajo es ser embajador
de un huerto de dopamina” me digo
-además de darles fuerza
a ciertas frases toxi-tragicas y cursis
que no describen ni descartan nada.

En plena panacea, para una revancha,
me olvido de escribir
con mi habitual apego
a un corazón insurrecto.
Pervierto la memoria
de un instante que corría por mi sangre
y de cualquier cosa
que sujete mis sentidos
en su propia convicción.

Es una digna tontería
medir lo largo de mis brazos
-de la punta de los dedos
a la otra punta de los dedos.
Me aficiono a suponer que la variable
es si quiero que sean grandes
o pequeños…

Dentro de un frágil cascaron, de tal tibieza,
no tengo otra ambición que eyacular;
sé que es pobre,
algo vulgar y hasta aburrido.
Lo sé por qué lo que logro imaginar
se borra enseguida avergonzado.

No hay placer en el dolor
y no hay dolor en el placer,
la ventana abierta resulta en belleza
porque está muy claro que cerrar los ojos
es una tradición de cobardes
que da mucho miedo al temple valiente
en cualquier dimensión de la era…

Cojo, de la ropa que olvidó, los botones;
me estilizo una almohada moderna
y si hubiera manera de regenerar el contenido
de las latas vacías
no me haría falta ni recontar las monedas
ni ser amable ¡una mierda!
con el vendedor que es el mismo en todas las tiendas
a donde venden productos con azúcar nuclear.

Ya no puedo decir
que estoy mejor que cualquiera de afuera,
he gastado muy pronto los niveles de broma
que me permite la niebla
y sin embargo qué bien
tener la puerta de oferta
y que jamás nadie venga.

Omar Alej. 

lunes, 17 de julio de 2017

Desocupado.

Mi nombre es alguien y cualquiera.
Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar.

Jactancia de quietud. Jorge Luis Borges. 


Solo en casa, sin nada que hacer:

Por un breve instante fue extraño
no escuchar las alarmas
con su atragantada amenaza;
despertar y no tener cerca un reloj.
Asumirme un certamen de alevosías
que anima el capital ensueño de la pereza.

Después fue muy dulce,
he vuelto a sentir la brisa fresca
que me hace preferir ciertos tipos de tela,
para enroscarme al dormir de resaca imaginando que estoy
cerquita a la orilla de un río que sigue desde una cascada.

Desocupado;
durante un montón de años
no echaba de menos
el infinito de posibilidades
que hay en la mente
de un desocupado.

Normalmente, no tener trabajo,
me hubiera costado sentir en los huesos
la lenta erosión que a las rocas consume.
Sin embargo -al menos, el primer día
va siendo una pena
a la que nadie hace duelos ni despedidas.

Encamino a los platos sucios
que me recriminan desde el lava-lozas
y encuentro que hay un hueco,
para el vaso que estoy ensuciando con soda;
lleno una cuchara con cajeta
y de pronto es la parte mejor
de mi regresión a la infancia
con pijama y con calcetines…

Tengo un silencio por dentro
que es como si dios existiera y además me hablara.
Sé que es una idea ramplona y menor;
pero se hace más grande con el sonido de la televisión
reproduciendo en bucle los capítulos del Dr. House.

No sé las batallas de un conquistador
y en parte repruebo la sola riqueza como garante
más ahora es el cuento de mi monarquía;
me regocija dejar sonar el móvil sin moverme
y al salir no tener prisa
porque no voy a ninguna parte.

No podrá durar mucho,
en pocos días me vencerá el alquiler
y además querré volver a ese sitio
donde una copa de whisky
tiene el valor de una hazaña
zurcida en contra de la gravedad.

Omar Alej.

viernes, 14 de julio de 2017

Puedo ver que la revolución va a llegar.

[la vida es una droga/que deja/ de hacer efecto]
[con todo mi arte/y toda mi/ técnica nunca se pareció a mí-/ni una sola vez]

Trabajo en marcha. Leonard Cohen. 


Debajo de su andar sobreviviente
esconde el barro en el que hundió
el hueso de una calavera,
porque no era el sabor que recordaba
de sus años en la escuela presbiteriana
ni acallaba el monomotor
con el que arrancan las voces en su cabeza:

Andaba como el filo de una hoja de papel
a través de las entrañas del otoño.

Puedo ver que la revolución va a llegar
y yo todavía estaré
eligiendo el frágil sustento
con el que amortizaré mis dudas al respecto
de las banderas que han de llegar después del ocaso;
al que nos acercamos con temeridad y angustia
y casi a punto de correcta sobriedad.

Un hombre como mortero de la muerte,
lleva en la frente sendas y sangre
cuando el camino y la guerra descansan.
No es un tributo al cine moderno.
Lo encendí con mis ojos,
apenas pude ignorar la inclemencia
y quedarme dormido, de pie, calle abajo:

Se le saltaban los huesos de los pómulos
y los artistas actuaron al declararlo su lucha.

Puedo ver que la revolución va a llegar;
probablemente me encuentre
extraviado en el fondo de una novela negra
de la que no pueden salir
las horas perdidas de las revueltas en París.
Tengo ilusiones como cualquier perro tonto
y una vez instalado el nuevo orden
querré ordenar esos platillos que antes
no hubiera podido costear
debido al gran acto fascista.

Le están cayendo pelotas de hielo
porque graniza el infierno;
pero su mollera es un casco más duro
que el peor acero alemán.
Alguien lustró sus botas.
Por como duerme diría
que tiene tiempo viviendo
sobre la tierra y debajo del agua.
Es un dulce animal que persigue
a los centauros de la caballería,
sin saber de qué bando era él
y de que horizonte llegaron los otros:

Detrás del muro de cristal se le ve;
pero no es visible la pared transparente…

Puedo ver que la revolución va a llegar.
Todos hartos de pedir volverán hacia las cuevas
y en el uso de la fuerza será derribado
el faro que ilumina la torre de control
a donde se vigila la mía-tuya, libertad.
Para pobres como yo es una pena;
si ya nadie me quería con razones,
para ser mejores gentes
¿Qué me harán cuando esto sea
lo que estaban esperando a que llegara?

Omar Alej. 

jueves, 13 de julio de 2017

Estrella extraviada.

Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.
Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.

Así nunca volvió a ser. Ángel González. 


Quédate aquí,
estrella extraviada;
caíste veloz sin poder darte cuenta
de que has caído en mis manos
a tiempo…

En poco hará calma,
no te molestes en explicarte;
sé qué empezó con la cortina
que era de agua
cuando el reloj cambió los días.

Sigue encendida,
estás hecha en flamas
y he hecho mis manos;
son para abrir un hueco en la hoja
y dejar que salga tu cama
de flores violetas:

Llámalas Lily´s.

Bien, bienvenida.
Me has recordado
a que no me olvide
que entra la luz;
queda una sombra
guardando el vino
de una ternura.

Rojas cerezas,
azules globos llenos de espuma
y tu nombre sea lo que encontré
en las paredes del laberinto.

Ya pasa el miedo,
la noche lo lleva consigo
a ver al santo de las barricadas,
puede ser breve sentir la piel
y hacer un rayo, tronar los besos;
pero las líneas sobre las calles
que hace tu cuerpo…
para encontrarte fue para siempre.

Nada tenía marcas de nadie,
justo es que hoy, contra el cristal,
se pueda ver a una ciudad
que se despierta contigo yendo
de aquí y de allá.

Sigue llegando.
Eso es el fuego,
lo que está al fondo
y sigue llenando
al mar de historias
sobre la estrella
que bajó a verse
en el reflejo del río que corre,
interminable,
hasta el origen del universo.

Omar Alej.

miércoles, 12 de julio de 2017

Era un amor cotidiano (Cachorro de león).

“Y te vengo a buscar, aunque sólo para verte o hablar,
porque requiero tu presencia,
para entender mejor mi esencia”
Y te vengo a buscar. Franco Battiato. 


Éramos uno y el otro,
una pareja de lo más normal;
lo familiar y cotidiano:

El resultado contra el azar.
(Ella vuelve a la ciudad
de niña quiso escapar a ver el mundo.
Pretendía atrapar el alma de la humanidad en un segundo,
con su vestido oriental y sus zapatos de cristal en la maleta)

Me emborrachaba
mientras miraba dormir
su lado más feo
sobre una almohada de alquiler
que solía hacerse cal
con el primer rayo de sol;
yo la amaba del modo idiota
que hace pensar y querer guardar
lo que puedes perder, para siempre.
(Demasiados hombres rudos la dejaron olvidada en la cuneta).

Le debía respirar
y también, por arte de magia,
suspirar al terminar de descender de un tren de auxilio;
acercarme a mi vida
y sentir que tenía el derecho
de vivirla porque sí
sin tener culpa
(Ella quería mejorar, dejar atrás la cobardía y los temores.
No sabía empezar, demasiado tiempo andando entre las flores).

Atacábamos  
cada breve grieta en el tiempo,
para aprovechar cada frecuencia
y dedicarnos a esa que era
una canción en realidad conmovedora
(Una vida imaginaria adaptada para cada situación.
Sin verdad, sin novedad, sin sobresaltos, sin dolor, sin corazón).

No lo sabe porque se iba a con las playas
a contarse los lunares
que la luna le heredó por ser morena;
me dejaba introvertido, sabiendo
que a este día llegaría sin aviso
y sin dejarme hacer las compras de pánico:

La noticia es lo otro,
lo que nunca llegas a saber.

(Todavía hoy,
detrás del espejo
intuimos algo bueno y fiel.
No más decepciones
ni desilusiones,
solo calma y claridad
y mirar a los barcos pasar)

Su pasión fue un claro del cambio mayor
teniéndola infiltrada desde adentro
(Ella por fin maduró;
dejó las drogas y el alcohol
y ahora es artista).

Hace un tiempo que no está  
y es sencillo deducir por qué
al final me quedo yo.
(Pero nada de novelas de autor
ni de canciones de folk, o rock
que va).

Era típico el disparo
y gritar que no podrían detenerme
si llevaba el pecho en vena
debajo del ridículo albornoz;
mientras que ella me tentaba
si decía que no era un Rolling Stone.

(Tiene un cachorro de león
y es una perfecta equilibrista
Un hombre bueno la observa desde abajo
La mima y la protege
Y hace todo el trabajo
Cada día cocina para ella con amor
le cuenta historias de terror
y toca el contrabajo.)

Y yo nunca me cuidaba,
me caía de las lianas
y mis fuerzas eran celos y venganzas y apatías:

Lo normal en un norteño
sin escamas
(Naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa
naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa
naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa
naranaaaa na nanaara nara na nara nara naaaa).
Coque Malla/Omar Alej.


martes, 11 de julio de 2017

Me proteges.

En cuanto al otoño
hace tiempo que empezó:
No puedo parar la lluvia
No puedo parar la nieve.

El Objetivo. Leonard Cohen.


Me despierto a media noche
padeciendo un noticiero;
con un golpe de memoria
y lo primero es saber a dónde estás,
si estás tranquila.

Para bien y para mal,
he cruzado el centro de la multitud
metido en una jaula.
Estos ojos
han grabado, a cada pieza de pan,
la cara incendiada de los que tiraban piedras
y pedían por respuestas que nadie conocía
aquel que era un niño obsesionado
por llegar a hablar profundo.

Salgo al patio
a caminar en medio metro
de impaciencia mientras fumo;
no puedo evitar reconocer
lo vulnerable que estoy siempre,
cada día a cada hora,
en cada intento por salvarte.

Se me vuelve soledad
pensar que andes por ahí
estando sola
y que las garras del feroz tiempo pasado
excavaran en tus huellas
hasta hacerte padecer en cada instante
del futuro…

Tú igual juegas,
subes hasta el templo de mis miedos
tu sonrisa y vuelves todo otra mañana;
la imposible, la que gana el corazón
y luego canta en sus canciones El Cartero.

Me das brillos que juntaste con toda palabra
de un idioma universal  
y luego ordenas que aparezcan los poemas
desde el este hasta el oeste, provenientes
del estuche de juguete
en el que guardas la poción con que maquillo
mis vergüenzas.

Caen las bombas, amenazas,
los cuerpos a la tierra
y tú al tanto.
En la plena oscuridad de una marea
de centrifugas deidades
haces venir al camarero
y pides whisky, para mí,
con toda el alma.

Omar Alej.

lunes, 10 de julio de 2017

Es un gato bravo (Human Friendly).

Nadie a quien seguir
y nada que enseñar,
excepto que el objetivo
está fuera de alcance.

El objetivo. Leonard Cohen.


Ambos estábamos despiertos por costumbre;
lo encontré. Es un gato bravo.
Fue una de esas veces
que uno se despierta en medio de la noche,
para abrir el frigorífico.
Pensaba en preparar la mortadela
con pimientos y aceitunas;
no esperaba encontrar en la cocina
nada más que la soledad habitual de un insomne.

Su reacción fue contundente,
tenía hambre y no se iría
hasta haber conseguido
la comida que venía a buscar;
sus dos ojos grises confirmaban el mito felino
y además lucían desorbitados en la combinación
con su piel dorada.

Nos tomamos un instante
para medirnos
y reconocer que en el terreno
el tiempo era propicio, para compartir
algo más que suspicacias y sospechas
comunes entre extraños.

Nos desaprobó lo que yo había preparado
y comimos en el medio de un silencio de trinchera.
Me di cuenta que había entrado
por la habitación de atrás que tiene la ventana rota
y las puntas de cristales al desnudo
parecieran custodiar algún tipo de resguardo.

Lo exploré muy de reojo,
quería descartar que estuviera lastimado;
el rastro de la tierra entre sus garras
produjo en mí ese mismo sentimiento de respeto
que nada sabe de verdades o mentiras.

Nunca fui
de los que salvan animales de la calle;
aún me aleja la codicia que niegan algunos
a través de sus mascotas personalizadas.

Terminamos de comer
y nos quedamos un instante sin movernos,
tal vez atravesados por preguntas
que no podíamos formular el uno al otro:
La potencia de la luna en dos minutos,
resultaba –de privada, encantadora.

Muy tranquilo encaminó hacia mi silla
y pasó por mi regazo sin mostrar ningún alarde,
después trazó justo el mismo recorrido
que había hecho, para entrar sin hacer ruido.

Intento no sonar desesperado
sin embargo hizo por mí
algo más que la sola esperanza.

Omar Alej.

viernes, 7 de julio de 2017

Capturados (Un Relato Flojo).

Un suave rechazo en su mirada
Y me sentía más que libre
Pero me llevo un tiempo asumir
Mi total transparencia.

Cuando salí. Leonard Cohen. 


Había pasado algún tiempo
desde que no me acordaba de ti
y no te echaba de menos
a menos que fuera la fecha de tu cumpleaños
y el dealer se tardara con la cocaína.

Hoy muy temprano
al apagar las alarmas
me has venido de golpe a la mente
y no ha funcionado mi entrenamiento
contra la nostalgia.

Sé que no sabes
que estoy luchando la suerte
contra distintas realidades
que me invitan a rendirme
y bueno, no es diferente a la lucha
de cualquiera de nosotros,
cualquier día de la semana:

Está ciudad transfigura
en una serie de imágenes que rebobinan.
Figúrate que al final no funcionó
querer tener mi propio testimonio
del amor y vivo solo;
de momento mi único gran orgullo
es haber aprendido a cocinar
porciones breves de una sopa
más que suficiente para uno.

De lo demás querría decirte
que he pasado algún momento extraordinario
en Líbano o entre los arrecifes de Sian Ka'an;
pero es inútil querer ampliar algo muy simple
mintiendo al darle ese relieve que no tiene
(Además que ya no miento por mentir).

A lo mejor fue que dejé
las maravillas aparcadas en nosotros,
dentro de aquellas tardes
que pasábamos durmiendo
después de hacernos con la piel
uno del otro: yo carnicero y tú revancha.

Escuchábamos canciones
y la lluvia acomodaba nuestros pulsos
en el ritmo del tambor universal
que comandaba aires de cambio…

Aquel sueño
que soñábamos unidos por las manos
era un hueco donde estrellas encendidas
tenían formas de ventanas,
para ver la Torre Eiffel
y las pirámides de Egipto
y los sexys lupanares de la Gran Manzana:

Era bello suponer
que no hacía falta la estatura
de la cúspide más alta
ni correr gritando <<¿donde estas?>>
en La Plaza de Mayo.

Nos decíamos sencillos,
que para viajar nos bastaba aquella cama
a la mitad de un viejo cuarto de azotea.
Sin embargo resultó comprometida
la vulgar felicidad de dos ingenuos
y ya nunca más volviste de haber ido de paseo
no sé a dónde.

Omar Alej.   

jueves, 6 de julio de 2017

Bob contra el artístico narcisismo.

 Mi vida, para mí, usted lo puede adivinar, estará siempre hecha de cóleras, de muertes, de tormentas y sobre todo de descontentos sobre mí mismo.

Carta A Auguste Poulet-Malassis. Charles Baudelaire. 


Bob, sé que cuando llegaste
se pensaba necesario dar a los ricos
como comida a los pobres.
Tu afán de armonía tenía
pintada en tu mano
la línea del destino del arte
y entonces no sería digno del hombre común
la mitomanía que exige inclemencias
al siglo XXI.

¿Qué fue lo que hiciste?
¿Por qué hablan todos a la vez?
¿Cómo hicieron, para lograr, cada uno,
una legitima solución al dilema de la libertad?
Bien por ti
que nunca tomaste prestado
y robaste lo que ya era tuyo.

Llévame, quiero regresar
al punto ciego donde no se podía ver
la frialdad con la que fingen el calor
de solo nada.

Tú eres pronto todavía;
una novel traducción,
para un nuevo mandamiento
emocionante.

Solo ayer,
llegaste de la vida en la provincia
con las propias intenciones
de mirar el exterior
y acomodarlo suavemente
entre los juegos que venias a invitarnos;

Pero ahora estás en otras…
con los dedos de las manos
convertidos en mecheros  
y las venas de tu cuello
apagadas bajo un iceberg.

No eras tú ni es para ti
el deambular por comités
queriendo hablar de todo;
pero sin nada que decir
que sea algo honrado.

Ahórrate las maldiciones,
no te culpes por creer
en lo que estaba brillando
como si fuera correcto.

Te esperé desde que fui,
para encontrarte
y seguí siendo el que pregunta…

Quiero ver como consigues reponerte
y volver a estar contigo;
romperemos con un mazo
las cajitas de cristal
a donde guardan lo que creen
que es el motivo del amor espiritual:

Si pudiéramos saber
lo poco que sabemos…

Falta el tiempo necesario
y te iras del agujero
donde el ruido de sirenas,
de metales y minúsculos insectos,
es más emocionante
que las pálidas canciones
atrapadas en las redes
del anhelo comerciante
siempre a punto de cantar.

Y cuando la galería
haya conseguido el séquito
inequívoco de la nueva cultura general,
tus discretos labios
los podrás tocar como si fueran bombones
alrededor del fuego donde están ardiendo
nuestras más sublimes equivocaciones.

Si tan solo hubiera
podido dormir un poco más,
hoy tendrías en tus brazos las cadenas,
para atar y retener a la amazona
y al centauro;
que antes eran la turbina
y combustión de un prisionero
que ha jurado
sobre un cuadro impresionista
de jamás delatar al perseguido.

Pero acaban, al llegar,
las alegrías
y ese foro que buscabas,
para hacerte con la herencia
de las fuerzas superiores,
es ahora un crucigrama
que se llena con palabras al azar,
querido Bob.

Omar Alej.

miércoles, 5 de julio de 2017

Multiplicado.

Entonces empiezo a luchar
Con una débil canción
Que me vencerá
A muchos kilómetros de casa.

Patio trasero. Leonard Cohen. 


Al final me había quedado
en cada sitio al que acudí;
regresé ya siendo un beso
de los labios que besé
y con el alma pellizcada
por cada abrazo que abracé
porque era otoño.

Tal vez nunca lo supe
a ciencia cierta.
Intuía que me iba desprendiendo;
que algo mío que era yo
se hacía lo otro en un contacto
por muy fugaz que aquello fuera.  

En el río me hacía agua,
en las mañanas contenido,
en las sombras mero signo
y en la tierra movimiento
alrededor…

En el pomo de una puerta
mi destino se hizo al cobre,
mi huella dactilar un botón rojo  
y al pasar mis leves pasos
se formaron en baldosas
con grabados españoles.

Respiraba y mi aliento
se fundía con el aire
y luego el viento
se llevaba mi cabello
hasta el tiempo
del que siempre formó parte.

Animado el corazón
se me ha quedado sobre un lago
de palabras
que hacían formas de ternura
y colisión entre su fuerza y el agobio.

Me fui yéndome;
en la misma despedida
atravesé la fe desierta
y a los dioses desatados
por ti y por mí.

Llegué a la sala de espera
y aunque sigo esperando
el doctor se ha dado cuenta;
no queda nada, para sanar:

Me implanté en todo
cautivado por las sensaciones
que me multiplicaron
llevándose de mi a mis sentidos.
Omar Alej. 

martes, 4 de julio de 2017

Y aún hay más que se cayó de su boca.

Supongo que sólo soy
Alguien que
Ha renunciado
A ti y a mí.

Viajando Ligero #31. Leonard Cohen. 


Un caramelo con forma de cigarrillo,
una palabra nonata contra el imperio,
las escaramuzas entre el ayer y el mañana.
Además de un silencio hecho para dos
por una estrella emergente que brillaba doliendo
y aún hay más que se cayó de su boca.

Mis sueños haciendo un tirante
desde unos frenillos con las ligas naranjas:
Se lo conté en confidencia
porque quería sacarme la espina
de mil pasados posibles
que fueron en otros idiotas
y aún hay más que se cayó de su boca.

La turbina que levanta las mareas,
la ventisca que coloca los corales,
las olas que derivan en las notas,
el corralito que hace al viento en las orillas,
el conjuro dorado por la sal,
el cardumen, las gaviotas; la embestida
crujiente del sol sobre la madera
y aún hay más que se cayó de su boca.

Necesito un nuevo idioma;
me había prometido el barro necesario,
para un verbo que en tres D
no podría crucificarse.
Sin embargo la vi extraña;
siempre que llamaban al timbre
volvía de estar equivocado.

Un verso que nunca acaba
porque empezaba por el final
de otros poemas, en otras partes,
tras otras gentes  
que tal vez eran -en modo suyo-
algo parecido a lo que -en nuestro modo-
éramos nosotros
y aún hay más que se cayó de su boca.

Mi dulce menta
contra el amargo saber que existo,
la papelina que me entumía
en las encías, en nuestros santos
y en año nuevo;
sus tres pezones, el sabor vivo
de sus lunares cuando el otoño…
y aún hay más que se cayó de su boca.

La dirección de lo que apunta
con su esperanza,
la uva a salvo de su embriaguez,
la saliva diamantina de su sed,
los escorpiones desahuciados de veneno,
la esculpida punta de su lengua,
la enmendada marca de un portazo
y aún hay más que se cayó de su boca.

Pasos que se acobardaron
al partir de muy debajo,
de justo el centro de la tierra;
porque fue lo que buscaban:

El otro infinito,
ese que al final se acaba.

Omar Alej.

lunes, 3 de julio de 2017

Fuck The Games of Thrones.

Construí mi casa junto al bosque
Para oírte cantar
Y fue dulce, estuvo bien
El amor acababa de empezar.

Ruiseñor. Leonard Cohen. 


No fue suficiente
dejar de rondar por las noches
y domesticarme a sus modos
de reina sin reino que va despeinada.

Bajé de la luna, para quererla
en el tiempo terrestre
de un corazón dividido;
como en su sueño, soñaba…
sin que los cazadores
nos persiguieran por el color
en la piel de nuestros cachorros.

Más que la entrega
de mis oídos vigías,
pudo el espacio
y sus dos ojos, mirando,
a donde las estrellas se fugan,
me declararon ajeno a su plan
de conquistar las colinas más altas
y verdes
a donde yo era el culpable
de bajas precauciones.  

Solamente fui un día
en el calendario de todos los tiempos
y mi calor no sirvió,
para calentar en su invierno
la que sería nuestra cueva.

Loca y volátil,
durante todo aquel río,  
no dejó de insultarme;
quitando sus pies de mi pies
debajo del agua
y como si fuera un extraño
mi dolor parecía un patetismo
animado a motor.

Después de rendirme -por y para Ella,
de haberme quebrado contra mi propia jaula
los colmillos,
me declaró muerto en vida,
falseador y cobarde;
un lobo amaestrado
que ya no servía ni para darlo de comer
a sus dragones imaginarios:

Fuck The Games of Thrones.

Después de todo estoy solo,
me tiran con piedras,
latas abiertas, zarpazos  
y masco cristales,
para cortarme de las encías
el sabor de la palma de sus manos.

Si alguien me llama me asusto,
quiero volver
a ser lo de antes;
pero es un mal augurio
lo que recuerdo qué era.

Omar Alej.

sábado, 1 de julio de 2017

Como Dios a Job.

“Al menos eso creía hasta un día, cuando tenía todo acabado y faltaba la confirmación de que había decidido bien, no hubo recompensa. No hubo zanahoria, Ahí me di cuenta de que ya estaba caminando, lejos de mi voluntad, por la otra senda.”

La conjura de los necios. John Kennedy Toole


Cada día leía El Libro de Job.
Por aquel entonces
eran mis inicios
en el grupo de oración
al que iba con mi madre;
mi atribulada niñez,
después de la escuela,  
se sentaba a mirarlo escupir
las cascaras de las semillas de girasol,
con respetuosa distancia.

Es difícil saberlo;
pero en el recuerdo
no me parece
que estuviera orgulloso
de nada de lo que hacía:
no era como ahora
que huelen las cosas
a superstición.  

Lo merodeaba como si fuera un animal
tímido de acercarme
y me llamó a caminar con él
por las calles del barrio;
esa fue la primera vez que escuché
la palabra cirrosis
y pensé que trataba de una lengua muerta:

Antes tampoco
había visto vomitar a nadie
que se limpiara la boca
y siguiera la historia
de lo que estaba contando
sobre un concurso de cuentos
que nunca había ganado…

Pasamos por “Ciclo”
que era un almacén
y en donde vivía un matrimonio de actores;
supongo que sentían que eran mejores a nosotros
porque nos miraron sin ocultar su desprecio
y como si la vida se tratara de ellos.

<<Intenta no estar tan enojado
o perderás las sorpresas>>
fue todo lo que dijo al respecto y siguió caminando
hasta llegar al descanso de una sola banca vacía.

Allá estuvimos sentados,
sobre un grandísimo copo de nieve
desde el que veía los ojos del sol
sin poder derretirme…
lo que ahora parecen dos horas
entonces eran seis minutos.
Y cuando venían las palomas él cerraba los ojos;
jugamos a adivinar cuando volarían.

Estaba lleno de si
en un mundo poblado
por verdugos y cretinos.

Nuestro barrio era de esos
que parecen haber sido olvidados.
Sobre la esquina, Bob Jagger,  
el músico callejero,
cantaba canciones de gafas de sol
e impermeables contra los faroles
de la trascendencia;
todavía oía los aplausos
que soñó que tendría en Nueva York.

Mi acompañante indiscreto
descruzó la pierna, besó una moneda
y la arrojó en el estuche de la guitarra,
fue algo muy lindo de ver;
pero fue más verlo partir en dos el pan
que le entregó una gitana a cambio de un beso en la mano.

Dimos dos vueltas al campo de fútbol
y me sentí abandonado.
Con el mismo color de la tierra quemada
vi pintarse los días de mi futuro;
algo advirtió sobre eso
y empezó a acomodarse la camisa
sobre los hombros como si no importara nada.

Me pregunté
si yo podría decir algo sobre mí.
Sentía presión en mis actos;
de un modo nuevo estaba admirando
a aquel hombre. Tal vez lo quería
y no lo sabía porque nadie te dice
como se siente el cariño cuando te quedas solo.

<<¿Por qué hay algo triste
en lo que hacen las personas?>>
Fue lo que pregunté
sin saber para qué.
No respondió
y al cabo del tiempo
esa fue la respuesta
que mejor lo explica.

Omar Alej.