martes, 20 de junio de 2017

Ven, echemos un polvo: –como dos niños sucios-

[ya no quieres salir/ es soportable estar solo/ sólo tú y las malas noticias/ y la confesión de la Madre Teresa/ Dios la bendiga por hacernos saber/ que ella tampoco pudo soportarlo]
Separado. Leonard Cohen.


Ven, echemos un polvo:
no tengo nada más qué pedir
ni a dios ni a los hombres.
Lo que siempre fue anhelo
se me ha vuelto a la contra;
se ha incrustado en mi espalda
con la forma de un garfio
y hace que tenga ganas
de ir sacando la luz
y dejar el amor como una casona vieja…

Ven, echemos un polvo.
La luna está presa
y se ha llevado consigo mi voz.
Quería usarla, para cantarle
algo muerto;
pero el satélite usa cuanto le pides,
para adornar la cresta de las mareas
con salsa de corazones.

Ven, echemos un polvo
sobre la superficie
de esta hoja vacía.
Después escribe tu nombre,
con la punta del dedo anular,
sobre una caja de cigarrillos
con cuerpo de caoba
y dibuja una flecha
en dirección de una presa que escapa
durante la media noche;
porque tú y yo fumamos...

Ven, echemos un polvo
y juntos –como dos niños sucios- ser regañados
por haber ensuciado el presente
y que tal suciedad sea barrera que caza
los drones y los proyectiles
del muy intensivo y mecánico redentor.

Ven, echemos un polvo;
a modo de un eufemismo,
para llamar lo contrario al dolor
a las aspas de un ventilador
y al calor de los ruidos afuera
que son logos del arte en las manos
de una señora que tuerce los rayos
mientras suaviza la agonía de unas palmas.

Ven, echemos un polvo
al modo pobre de mi ciudad;
sobre la cara quemante del sol,
manchas de cuerpos
que se hagan nubes que lluevan
gotas de agua de mango.

Ven, echemos un polvo.
Piel de nosotros en un gran telar
que está tejido contra la pena
y las palabras que recortaste antes de ir
será un relevo de las historias
que desencadenan en una tormenta de arena
y mañana duerme sobre todas las cosas
que se apagaron porque brillaban.

Omar Alej.

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