miércoles, 21 de junio de 2017

The Leftovers. ¿Alguien sabe?

Oh bien acomodado
en el pleno empleo
se pierde en el cuarto
y se pierde en el tercero.
El tercer invento. Leonard Cohen. 


No recuerdo de qué forma llegué ahí,
a la vivienda de los muros que se alzan.
Había bolsos de Channel en los percheros
y dos hombres custodiaban
a una chica que no hablaba sin hacer bombas de goma;
pregunté quién era el niño
que pintaba en el rincón del comedor
<< No es su tipo, mi señor>>
fue lo que dijo el camarero y guiñó
con su asqueroso ojo izquierdo…

Lo último que podía recordar
era estar en mi sillón
con mi mujer dándonos besos,
que esa es una de las cosas
que mejor nos calentaba en el invierno.
Sin embargo en este sitio no la encuentro
y la gente me presenta condolencias
en palabras de confeti;
además de promover el nuevo estilo
de la vida de soltero en California.

Unos cuantos van de negro,
seis o siete;
pero el resto fuma mucho,
todo el tiempo:
van vestido con harapos
de la última edición del Peace and Love
y presiento que algo quieren infectar
con sus silencios

¿Alguien sabe?
no recuerdo de qué forma llegué aquí.
He perdido veinte horas de memoria,
el sonido de los grillos es intenso
y me pican en los brazos
los deshechos de aserrín acumulados.
Cada hoja de las sierras está oxidada
y el tablero con palancas es muy viejo.
Huele a sangre; pero es tan intenso
que no puedo encontrar de donde viene.
Si respiro se me mete en la nariz
y después baja por mi boca…

Lo último que logro recordar
es que me estaba acostumbrando
a oír la música de cámara
que ya sé que usa, para hacernos resentir
nuestras pasiones y domarnos,
de un modo atormentado;
con la culpa por sentir
tremendas ganas de romper en mil pedazos
hasta el más mínimo cristal de la vajilla.

El maldito colocón que da el calor
me sugiere que catorce de las voces que me hablan
sean abiertas…
tengo miedo de saber cosas que el resto ni imagina.
Me podría estar pudriendo en mi ataúd
o en una celda;
es delito e inmoral
si uno no sabe cómo diablos
terminó frente a la quema de un confesionario.
Atácame por el delirio,
si te buscas entre líneas estas tú;
pero aun te sirve de consuelo la mentira.

Omar Alej.

No hay comentarios: