jueves, 1 de junio de 2017

mi nuevo vecino que es joven y es papa: The young pope.

En la cama me quedo dormido
en medio de un salmo
que estoy leyendo
para una cura mágica.
Una cura mágica. Leonard Cohen.


Por la mañana me vuelvo a dormir
después de despertar.

De torre a torre la guerra,
entre los Tudor de antes
contra los Tudor de ahora,
es lo que hace que uno
no se levante de un brinco
a sofocar las hogueras…

Además me ha salido una boquilla en lo boca
a consecuencia del tedio
en un bombardeo cualquiera.

Desde este sitio de arena
hasta aquel patio de mármol
está timbrando la voz
de una cantante de orquesta
que suena igual a tener el cabello
de color zanahoria.
Es divertido el placer
con el que arma su casa
mi nuevo vecino
que es joven y es papa:
The young pope.

Al menos es desigual
a la individua que antes
solo quería refractar
cada consciencia en el mundo,
para colgarla del gancho
donde paseaban los hombres
que hubiera querido tener
porque resentía que era fea.

Nunca te fíes de vivir
ni lo que es bueno
ni lo que es malo.
Nada es tan definitivo.
Tampoco en apariencia.

Hoy estoy triste por este fantasma
que me sabotea la tristeza;
era más listo que el tipo de muerte
que llena las hojas de prensa.
Quizá fue el primero en saber
que reconocer la obra de nadie
no era la nova forma del arte:

Y aunque está solo conmigo,
lo quiero.

Uno no debe alejarse
de los despeñaderos
por los que suben los cuerpos
de una ficción animal
con animales extintos.

Uno es mejor cuando teme
de haberse convertido en otro valiente
que medita cosas contra la sangre.

Por la mañana me vuelvo a dormir
después de despertar.
Por mí que se acabe,
ya sé lo que hacen
y de qué es ese ruido:

Es de aburrimiento.
Pero yo tengo un fantasma
y el mío es real.

Omar Alej.

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