martes, 27 de junio de 2017

Desde ayer que no regreso.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al fiero Poseidón no encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los coloca ante ti.

Ítaca. Constantino Cavafis


Desde ayer que no regreso.
Aquí estoy,
en este parque color naranja;
al otro lado, tras la reja
de rayos X,
brillan luces de la noche
que dejan ver el esqueleto
de las iglesias y los pilares...

Los borrachos con sus voces
dicen que saben mi nombre
de hombre
y un genial doctor pirata
se pregunta si he surtido la receta
o sigo siendo lo que no soy.

Un momento más aquí,
con el mar en las abejas;
viendo que vuelve a llover.
Algo de aire y humedad,
para un trozo de madera
que se seca.

Devolví mi cuerpo incierto;
con la aguja lo rajé,
para volar sin ser notado
en el radar de la ambición.
Encontré la dirección
donde las sombras
me tiñeron la ilusión
de oscuridad.

Déjame permanecer
aquí sentado;
tengo algo para ti
que he de buscar
en los pétalos de iodo
que el fantasma usa de timón  
en el vagón del tren que va;
jamás a Ítaca.

Desde ayer que no regreso.
Los veranos y los bosques
en la piel de una muchacha
son invierno que hace heladas
las pisadas de un tacón
que marca el tiempo en cicatrices,
cazador.

Todo el humo en la señal
fue soledad.
Volví desnudo,
hecho intemperie
y mis hermanos tras sus escudos
me vieron y siguieron
sin detenerse.

Guardo este instante,
entre columpios
y risas cerca.
Qué vivo vive
lo que fue puro
en mis suspiros
y en mis entregas.

Cuanto sentí está guardado
dentro del puño
de la raíz
de un árbol joven
y no lo arrancó la gravedad.

Desde ayer que no regreso,
déjame un poco
con mis preguntas;
sé que después regresaré
a seguir siendo
quien al pasar se va quedando,
de ti y de mí,
contra la espina.

Omar Alej.

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