jueves, 15 de junio de 2017

De semillas y su jardinera.

Nada de lo que dijera ninguno de ellos sobre la Fotografía Negra me ha importado nunca un comino, a excepción, por supuesto, de Nico. Ella sí que lo entendía. Sabía lo que hacía. Sabía quién era yo.

Algo de principio de los setenta. Leonard Cohen.


El día no empezaba
hasta escucharla conversando
con sus plantas:

<<mira tú
que te han salido hojitas nuevas>>
<<vas muy bien,
para mañana
ya tendrás otro botón>>

Así era su consciencia
del mar verde que aún aguarda
en las semillas;
y si aquello no pasaba
mi persona no era más
que el solo envase de un ausente.

Al mirar que ya era hora
de su marcha
me enfadé conmigo mismo
y decidí que de ahí en adelante
volvería a sentirme pleno
con tener, para fumar y beber algo:

Ningún sol podría contarte desde entonces;
justo ahora estoy tratando
de encontrar en las palabras
algo de eso que encendían sus cuidados.

En sus ojos mora un gato equilibrista
que irrumpía en la cocina y jugueteaba,
dando olor de buen guisado a platos hondos
que antes del verano estaban sucios.

No lo lamento
pues merezco que algo en mí se descomponga.
He tenido que alumbrar
noches enteras,
para ver que ya no está;
que estamos lejos.

Lo más duro es regresar
y regresa y regresar y regresar,
sin haber ido -ni siquiera, tras su sueño
de que fuera, al menos, un poco feliz;
entre ella y yo.

Es verdad, sus jardines han crecido
y a veces me conversan.
Supongo que antes de irse
les habló de su partida
y que confiaba en que cuidaran
de la tierra en que ahora duermen;
pero hay días que no empiezan,
por mucho que me invente
y les responda con lo que ella les diría.

Omar Alej.

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